Hoy voy a hablar de dos grupos que se movieron dentro de este estilo heterogéneo que unía al tecno, el post punk y la new wave al inicio de la década y que obtuvieron un éxito importante, pero fugaz.
El primero de ellos, Visage es una agrupación peculiar, que reunió a varios músicos provenientes de diferentes grupos, para formar un proyecto que sirviera de base para la música de un club muy famoso de Londres que se había convertido en una especie de refugio de los últimos vestigios del glam y a donde acudía por ejemplo con frecuencia David Bowie. Como no puede ser de otro modo en estos círculos nostálgicos del pasado, fue donde se promocionó sobre todo a los neorománticos. Y es aquí donde el miembro fundador y espíritu del grupo, Steve Strange, artista muy influido por el glam de Bowie o Roxy music, (de hecho participó en el memorable vídeo del genio londinense de su obra maestra "Ases to ashes"), decidió unirse al teclista Billy Currie, proveniente del súper grupo Ultravox, del que hablaré próximamente. Visage se completó con ex miembros de la banda de post punk y new wave, "Magazine".
La banda obtuvo suficientemente reconocimiento como para lanzarse a grabar un primer álbum y tener una existencia estable, aún cuando solo publicaron tres discos.
Desde luego su tema estrella es "Fade to Grey", una canción muy elaborada, en la que destaca el arranque con los sintetizadores que servirán para marcar la melodía, siempre interrumpida por un estribillo seco y machacón que se desarrolla en torno a un acompañamiento lánguido, como corresponde a este ambiente decadente y cuasi gótico. El tema además viene acompañado de un fantástico vídeo en el que podemos ver todo ese aire post glam muy vistoso.
El otro grupo, que en realidad un dúo, fue Soft Cell, formado por Marc Almond, vocalista y Dave Ball, en los sintetizadores. Al igual que Visage tan solo publicaron tres discos, del que destaca desde luego su álbum debut "Non- stop erotic cabaret", título que evidentemente ya pone en antecedentes de la corriente post glam en la que se ubicaron y que celebraba la liberación sexual, mezclada con tintes góticos.
Ellos se hicieron muy conocidos por una versión magnífica que hicieron de un tema de los 60 "Tainted Love" que interpretaba Gloria Jones quien fuera precisamente esposa de otro de los grandes iconos del glam, Mark Bolan.
La verdad es que el trabajo que hicieron es sensacional y en cuanto lo escuchas lo identificas totalmente con el espíritu música de los 80.
Adoro a "Orchestral Manoeuvres in the Dark", nombre en inglés de ese brillante dúo británico que para mí es el mejor exponente de la música electrónica y del tecno de los 80, por encima incluso de sus coetáneos, Depeche Mode, que deslumbró y aún deslumbra a todos los amantes de la música ochentera.
"Orchestral Manoeuvres in the Dark", está formado desde sus inicios por Andy McCluskey, bajo y voz principal y Paul Humphreys en los sintetizadores y coros, dos muchachos del noroeste de Gran Bretaña, que crecieron escuchando la música vanguardista y experimental de figuras colosales como Brian Eno y a bandas de música electrónica alemanas, como Tangerine Dream y Kraftwerk.
Orchestral Manouvers in the dark, en adelante me referiré a ellos con la abreviatura OMD por los que se le conoce mundialmente, bebieron de las fuentes más interesantes que surgieron en la segunda mitad de los 70, la new wave, el ambient, la música electrónica o el post punk, pero lo que les convierte en un grupo tan especial, es que supieron dar a sus creaciones un sello propio, de una calidad contrastada, que integraba magistralmente todas estas influencias.
Son un grupo de culto, pero también tuvieron éxito, algo difícil de conseguir, y que está al alcance solo de bandas de un nivel tan grande como The Cure o los mismos Depeche Mode. Pero es que además OMD se atrevió a internarse en un terreno tan difícil como es el de la música concreta, del que apenas hay ejemplos dentro del mundo del pop rock. Se me ocurre citar al propio Brian Eno, a Pink Floyd, ocasionalmente a King Crimson o al gran Frank Zappa.
En definitiva que estamos ante un dúo maravilloso, cuyas composiciones son tremendamente evocadoras y románticas. Son tan buenos que me hacen recordar en muchas ocasiones a Vangelis. Además su música está dotada de una gran sentimiento y de una forma de transmitir emociones, que es verdaderamente admirable, cuando su obra sefundamenta entre otros géneros, en la música minimalista de corte experimental.
Durante los 80 estuvieron muy activos sobre todo en su primera mitad. Será con su segundo álbum de 1980, "Organisation", con el que alcanzaron el éxito y sobre todo el reconocimiento a su calidad.
De "Organisation" es su tema más conocido y laureado, "Enola Gay", un tema que suena completamente a los 80 y que es verdaderamente excelente. Presentar una canción como "Enola Gay", es un placer, un lujo. Una auténtica obra maestra no solo de los ochenta, sino de toda la historia del pop rock, que lo ha convertido en un clásico imprescindible. El tema habla en tono antibelicista del trágico bombardeo atómico sobre Hiroshima, es por tanto una canción pacifista. Lo mejor es escucharla y disfrutarla.
Tras el buen recibimiento que obtuvo "Organisation", publican en 1981, el que puede ser que sea su mejor álbum, que ya es decir, "Arquitecture & Morality".
En él hay dos canciones que son absolutamente impresionantes, "Souvenir" y "Maid of Orleans", ambas también temas de gran éxito.
"Souvenir" es una delicadísima balada, impecable en su factura y arreglos como todo lo que hace OMD, con ese tono minimalista y a la vez tremendamente nostálgico.
Y para finalizar este homenaje a este excelente banda, una pieza que personalmente me pone los pelos de punta, absolutamente majestuosa, mística, (no en balde la canción habla de Juana de Arco), que es capaz de trasladarte, tras una introducción misteriosa, que pone alerta a todos tus sentidos, para que estén totalmente abiertos y escuchen la maravilla que viene después, a un mundo absolutamente mágico por medio de esa sonoridad electrónica de todo punto magistral, es una obra maestra como la copa de un pino. Con ustedes "Maid of Orleans".
En la entrada anterior mencioné al primer teclista de Depeche Mode, Vince Clarke, un excelente intérprete y compositor de música electrónica y tecno, géneros en las que ejerció una notable influencia en las primeros años de los 80, con la participación en el primer LP de Depeche Mode, de los que se separó nada más hacer la grabación. No parece que hubiera controversia con sus compañeros y las razones de la marcha pudieran deberse a motivos profesionales. Vince Clarke, parece que estaba interesado en hacer una música bailable y ligera, que no encajaba en el planteamiento más frío y distante, del estilo que buscaban Depeche Mode.
En efecto, en 1982 se une a la vocalista Alison Moyet y forma el dúo Yazoo, también pioneros de la electrónica y el tecno y que obtuvo a pesar de su existencia efímera, un reconocimiento muy aceptable, que con el tiempo se ha ido incrementando.
Tan solo publicaron dos álbumes, el primero "Upstairs at Eric's", grabado en 1982, es el más inspirado y fresco de los dos. En él se encuentran sus mayores éxitos, entre los que destacan dos temas que fueron unos auténticos bombazos y que a día de hoy son canciones de culto de los '80.
La primera "Don't go", seguro que los que sois de aquellos años la recordáis y los más jóvenes, disfrutarla porque es "superochentera".
La segunda, "Only you" es más melódica y menos marchosa, pero también una auténtica gozada.
El viaje del dúo terminó pronto, y es que al parecer no terminaban de congeniar el uno con el otro, una pena porque podría haber sido un grupo con una trayectoria muy interesante, de haber seguido juntos.
Tras la disolución de Yazoo, Vince Clarke dejó pasar unos años y formó un nuevo proyecto musical que tomaría la forma también de dúo, Erasure, cuya música más enfocada a la comercialidad le convirtió en uno de los grupos más exitosos de toda la historia del pop británico, junto a Pet Shop Boys.
Si hay un grupo que haya sido toda en la música electrónica y además son ampliamente considerados los auténticos reyes de este género en los 80, éste sin duda es Depeche Mode. Una banda que siempre ha mantenido un nivel altísimo en todo su trayectoria, y que además ha sabido envejecer bastante bien.
Estructurado siempre como un cuarteto, en su formación inicial contó con uno de los grandes iniciadores de la música electrónica en Gran Bretaña, el teclista Vince Clarke, quién nada más grabar el primer álbum, tomó la decisión de abandonar el grupo, para formar un excelente dúo de tecno pop, de nombre Yazoo, y posteriormente otro dúo inolvidable, Erasure.
Precisamente el primer trabajo de Depeche Mode, es un excelente álbum en el que se nota mucho la mano de Vince Clarke y la influencia que ejerció el Krautrock en él, un género experimental que se desarrolló en Alemania en la década 70, así como la presencia en su estilo de los pioneros de la música electrónica, los también alemanes Kraftwerk.Además en este primer disco se advierte cierto tono distendido e incluso alegre, menos sombrío que en discos posteriores, que están más inspirados por la oscuridad del post punk de bandas de la talla de Bauhaus o Joy Division.
A ese estilo divertido, contagioso y bailable, pertenece esta obra maestra memorable, uno de los grandes hitos de toda la década de los ochenta, que seguro hace las delicias de todos vosotros, "Just can´t get enough".
En 1983, Depeche Mode lanzan "Construction time again", álbum en el que evolucionan hacia ese sonido más oscuro, que junto con la voz profunda y lacónica de Dave Gahan, serán los sellos más distintivos del grupo de ahora en adelante. Del disco destaca un tema que ha sido uno de sus grandes éxitos, una auténtica joya "Everything counts".
A lo largo de la segunda parte de la década de los 80, Depeche Mode continuaron publicando discos todos ellos de muchísima calidad, acumulando éxitos y confirmando su posición de liderazgo de la música electrónica.
Pero será justo con el inicio de la década de los 90, cuando para muchos seguidores y críticos graben su obra maestra o al menos uno de sus discos más laureados, "Violator", que incluye dos de los mayores éxitos de toda la carrera de Depeche Mode, "Personal Jesus" y por encima de todo la intachable, inmejorable, evocadora y descomunal "Enjoy the silence", para la mayoría de sus fans, entre los que me incluyo, su mejor canción. Un auténtico lujo.
De entre los subgéneros más interesantes que nos regalaron los años 80, se
encuentra el movimiento de los "neo-románticos", un estilo que fusionaba elementos de la new wave, con reminiscencias de post punk y algo
de tecno pop. Tal vez la banda más puramente neo-romántica, la más elegante, sofisticada y con mayor calidad contrastada fue Spandau Ballet.
Su mayor éxito fue "True", una balada exquisita y la más representativa de la corriente neo romántica que lideraron. Me encanta absolutamente.
Otra canción que demuestra que son una banda de primer nivel, es "Gold". Súper ochentera!!.
Pero también componían canciones marchosas y bailables, "To cut a long story short" es buena muestra de ello.
Una de las bandas más emblemáticas de los´80 son Duran Duran, grupo ecléctico, difícil de encajar en un género en concreto, son capaces de tocar new wave, tecno funk y aportar toques ocasionales de new romántic, en general con buenos resultados. Del repertorio de Duran Duran, siempre me pareció fascinante su canción del ´84, "Wild boys" con su espectacular vídeo.
Tercera y última entrega dedicada al gran Bob Dylan, en la que voy a a abordar los últimos tres álbumes que publicó en la década de los '60, caracterizados por pertenecer a dos períodos muy diferenciados, hasta el punto de que no tienen nada que ver entre sí, como veremos a continuación. El primero, es "Blonde on Blonde", uno de sus álbumes más emblemáticos, perteneciente a la etapa eléctrica, junto con "Bringing It all Back Home" y "Highway 61 Revisited", ambos analizados en la entrada anterior, que te recomiendo que la visites, para así tener una mejor comprensión de lo que voy a contar a continuación.
Los otros dos álbumes que vamos a ver, pertenecen a un período decisivo en la vida personal y artística de Dylan muy, que vamos a analizar en profundidad y que dieron como resultado un estilo completamente diferente, con respecto de su precedentes de la trilogía eléctrica. Son discos mucho más intimistas, y amables, sin grandes alardes intelectuales, con una clara vocación de hacer obras cuidadas, casi de artesanía, pero a la vez sencillas, sin grandes arreglos, muy auténticas. Se trata de "John Wesley Harding" y "Nashville skyline", dos trabajos con los que Bob Dylan demuestra que no es solamente un artista prolífico, capaz de brillar en cualquier género, sino un músico que hace lo que quiere, cuando quiere y por lo que quiere, algo que solamente está al alcance de los grandes genios.
Habíamos dejado a Dylan en plena forma, en una estado de inspiración fabuloso, que le sirvió para estar en lo más alto de la historia de la música popular, y también con esa polémica, pero acertadísima mutación eléctrica, que le llevó incluso a inaugurar un nuevo subgénero, el del folk rock.
"Blonde on Blonde", sigue la estela de esas dos obras memorables que le precedieron, sin desmerecer de ellas en lo más mínimo, si acaso y teniendo en cuenta que se trata de un disco doble, (uno de los primeros de la historia por cierto), yo diría que no solo es un espléndido álbum, sino que es un regalo, un auténtico privilegio y un lujo para el admirador y seguidor de Dylan.
La banda que en esta ocasión acompañó a Dylan fue diferente de la que tuvo en sus otros dos discos eléctricos, fundamentalmente porque el guitarrista Mike Bloomfield, decidió no seguir con él y por tanto tuvo que recurrir y contactar con un grupo de origen canadiense, The Hawks, que con el tiempo cambiaron su nombre a "The Band", un grupo mítico, entrañable y magnífico, que posteriormente se convirtieron en grandes colaboradores y amigos de Dylan y con los que hizo excelentes grabaciones. De los miembros pertenecientes a The Hawks, contó con el gran Robbie Robertson y con Rick Danko, músicos que hicieron historia con Bob Dylan, sobre todo la década de los 70. Al piano continuó por Paul Griffin y al órgano el incombustible Al Kooper.
Y sin más preámbulos, intentaré hacer el análisis más resumido posible de un disco doble en el que prácticamente todas las canciones son piezas imprescindibles. En este sentido os emplazo a que lo escuchéis por entero y disfrutéis de él. Yo solamente voy a aportar pequeñas pinceladas a las canciones que más me gustan y que considero además que se encuentran, entre lo mejor de la producción Dylaniana.
Eso sí, antes de comenzar, advertiros que la primera canción del disco, "Rainy Day women #12&35", no es representativa del estilo general del álbum. Un tema, por cierto con una letra que a mí me encanta y que parece aludir claramente a la marihuana, aunque también hay bastante crítica social. Bien parece algún tipo de divertimento, que sirviera de antesala al resto de la intensidad que posee el disco.
Hecha esta salvedad, voy a comenzar con, "Visions of Johanna", que pasa por ser, uno de los grandes clásicos dylanianos, considerados incluso por muchos, unos de sus temas más excelsos, y con un texto de la más alta calidad literaria. Se trata de un tema bastante enigmático,la verdad como casi todos los que hace Dylan. Interpretar las letras de Bob Dylan no es tarea fácil y más teniendo en cuenta que cuando se le preguntaba por el sentido de las canciones, acostumbraba a responder con evasivas y diciendo que en realidad no tenían ningún sentido, cuestión que evidentemente no es cierta. Una interpretación sencilla de la canción, sería que nos está hablando de su ruptura con Joan Baez, quien sería Johanna, pero esas visiones, para otros, son una metáfora sobre las drogas o sobre la soledad, aunque lo más probable es que en realidad sea una mezcla de ambas posibilidades. Lo que es indudable, es que una letra de una calidad literaria excepcional para una canción de Rock, que desprende de forma magistral, una sensación de desamparo y vacío. Sea como fuere, "Visions of Johanna", es un tema redondo, impecablemente construido y bastante movido, con ese arranque lírico de la armónica, que da paso a los acordes de la guitarra de Dylan, que se verán acompañados a lo largo de toda la canción por una precisa base rítmica y por el piano siempre oportuno de Paul Griffin.
Pero es que la canción que la sigue, es otro de los platos fuertes, no solo del disco, sino probablemente también de la discografía de Dylan, "One of us must Know (Sooner of later)", es una canción hermosísima que me recuerda muchísimo a mi infancia. Es Dylan en estado puro, componiendo una de esas canciones, que nadie puede hacer más que él y que nadie puede imitar, con esa manera de alargar la voz al final de cada estrofa, muchas veces como un gemido. La canción parece lamentarse de algún antiguo error cometido con una amante, que le llevó a perder su amor y en la que el protagonista musical es el piano absolutamente maravilloso, muy bien secundado por el sonido mágico del órgano de Al Kooper.
Y seguido otro corte extraordinario más, "I want you", que se debe traducir no como te quiero, sino como te deseo. Una canción de amor carnal sensual, muy pegadiza y de tempo muy rápido, con una instrumentación muy rica y variada, que incluye una flauta, en la melodía principal, cosa nada habitual en Dylan. Por otra parte, recomiendo vivamente escuchar una versión que hizo en 1978 en su álbum en vivo, "At Budokan", en la que solamente está él, tocando levemente una guitarra eléctrica y de fondo una flauta también, que francamente pone los pelos de punta, y en la que Dylan llega a realizar la maestría de convertir una canción, en todo lo contrario de lo que era, de ser casi frenética y con una variada instrumentación, a ser una balada lenta con solo dos instrumentos y su voz. Voy a poner las dos versiones para que pueda verse el contraste y disfruta de ambas.
Y de aquí saltamos al último corte de la cara B, del primer disco, "Just Like a woman", una de sus baladas más aclamadas, que posee por derecho propio también el estatus de obra maestra. Aunque no exenta de polémica pues en su momento, fue clasificada de misógina. La canción no es en absoluto, una canción que tengan tintes sexistas, simplemente está hablando de una muchacha joven, demasiado joven para un prematuro despertar sexual. No creo que sea una canción timorata, sino que entre líneas se está refiriendo muy posiblemente a esas chicas que proliferaron en aquellos años, a las que se llamó Groupies y de las que Dylan tuvo que conocer muchas. Casi seguro que a alguna de ellas va dedicada la canción. Es de cualquier modo una balada de gran belleza, en la que sobresale a lo largo de todo el tema, el órgano Hammond sensacional de Al Kooper.
La siguiente canción que quiero analizar es absolutamente una de las más bonitas de Bob Dylan, "Fourth Time Around" la cual desgraciadamente, también se ha visto envuelta en una controversia, pues hay quien piensa erróneamente desde luego, que la melodía es una copia de la canción de los Beatles "Norwegian Wood" o viceversa que, fueron los Beatles los que tomaron de Dylan la idea para su canción. Si tengo que dar mi opinión, creo que nadie copió a nadie, tal vez son canciones que a lo mejor tienen algún aire parecido, pero la verdad es que poco más. Hay gente que se divierte con estas cosas, que si Lennon se enfadó con Dylan, que si Dylan se enfadó con Lennon... cuando la verdad, es que lo único que sabemos es que ambos se admiraban mutuamente. El caso es que es un temazo impresionante con una melodía preciosa y a mí me suena muy, pero muy dylaniana, sobre todo al periodo acústico de sus primeros discos y no me extrañaría que fuera una composición antigua de aquella época.
Para finalizar, la última canción que quiero destacar de "Blonde on Blonde", es un tema que ocupa todo la cara B del segundo disco y que lleva por nombre, ni más ni menos que "Dama de los ojos tristes de las tierras bajas", en inglés, "Sad eyed lady of the lowlands", una pieza de casi doce minutos de duración, que no gusta a todo el mundo precisamente por ser demasiado larga y porque muchos consideran que es algo monótona, pues su estructura sencilla, se repite sin apenas contrastes, sin embargo, para mi gusto, se trata de una canción absolutamente bellísima. Es otro tema acústico, una balada muy hermosa llena de sentimiento, y que vuelve a remitir a la nostalgia y a la pérdida, de una forma muy delicada, con una letra preciosa, al alcance de muy pocos. Algunos interpretan que la canción está dedicada a su reciente esposa, Sara Lownds, basándose en que la última palabra del título, efectivamente recuerda mucho al apellido de su mujer.
Hasta aquí, los temas que más me gustan del disco, el resto son canciones de blues casi todas ellas excelentes, de las que resultan imprescindibles de oír para mi gusto, "Pledging muy time", Inside of mobile blues again", en opinión de muchos uno de sus mejores piezas de blues, y de la que Kiko Veneno, por cierto hizo una versión muy famosa, en los 90. "Leopard skin pill box pat" y "Most likely you go your way", canciones todas ellas que demuestran el talento y el feeling, que tiene Dylan para hacer Blues.
Tras la publicación de "Blonde on Blonde", se produjeron una serie de circunstancias que desembocaron en un giro decisivo en la vida personal y artística de Dylan. Poco importaba que estuviera en la más absoluta cresta de la ola, Dylan estaba agotado. El profeta, el héroe de la contracultura, no era más que un hombre como los demás, y no podía más, había llegado a su límite. Él mismo fue su propio desmitificador, él mismo fue quien destrozó el mito y al profeta.
Repasemos estos sucesos para analizar posteriormente los últimos tres años creativos de Dylan, en la década de los '60.
Ya sabemos que tenía muchos problemas con la prensa de la que se zafaba con sarcasmo, y con una parte del público que no había superado su cambio de estilo y había tomado la costumbre de abuchearle en los conciertos. Todo esto no fue nada agradable para Bob Dylan, que nunca quiso que esto sucediera y por ello adoptó una postura defensiva y a la vez agresiva, pues al fin y al cabo lo único que pretendía era ser un músico que hacía canciones que gustaran al público y que fueran lo mejor posibles, por supuesto con un mensaje y con una calidad indiscutible en sus letras, pero nunca convertirse en un gurú o en un salvador y mucho menos un mesías que es lo que estaban haciendo con él desde que empezó a tener éxito. Lo que pretendía ahora es que le dejaran tranquilo y poder componer, cosa que no le era casi posible por la persecución a la que se veía sometido, la cual llegó a tal extremo, que incluso tuvo que denunciar casos de intentos de asalto a su casa por seguidores, cuando ya estaba casado y con su hijo Jesse, recién nacido. En buena medida, la ayuda de muchos de sus amigos y colaboradores fue fundamental, para superar poco a poco en cierto modo esta situación.
En el terreno sentimental en 1965, y una vez superado sus amoríos con Joan Báez, Dylan contrajo matrimonio en secreto con una modelo de nombre Sara Lownds, que a la postre sería probablemente la mujer de su vida, madre de sus cuatro hijos y con la que estuvo casada doce años. Esta estabilidad emocional trajo mucha paz a la agitada vida de Dylan y fue fundamental para entender los dos discos posteriores a "Blonde on Blonde".
Pero el cansancio de Dylan también era verdaderamente físico, se encontraba absolutamente agotado por las giras y la actividad incesante en el que se encontraba, de la que destaca, su participación en un documental de D.A. Pennebaker, y la escritura de un libro de prosa experimental, muy al estilo de sus amigos de la Beat Generation, que tituló "Tarántula".
Finalmente sucedió un acontecimiento definitivo, por su gravedad, que fue un accidente de moto ocurrido, en el verano de 1966, cerca de su casa. Aunque también existe mucho misterio alrededor de este desgraciado suceso, pues no hay constancia de partes de ingreso en ningún hospital, ni se le conoce tratamiento alguno, pero el caso es que no se supo nada de él en casi un año. Incluso hay quienes opinan que quizás fue algo que se inventó para escapar de toda la presión a la que estaba sometido y poder reflexionar tranquilo sobre su futuro. Yo sin llegar a tanto, creo que efectivamente Bob Dylan pudo utilizar el accidente para desaparecer un tiempo pero que, en realidad sí que ocurrió, y que prefirió probablemente recuperarse en su casa, para también así alejarse de la prensa y de los fans, que hubieran posiblemente importunado su convalecencia. En fin, que ni siquiera quiso pasar por un hospital, lo cual por otra parte indica que el accidente, tampoco tuvo que ser tan grave. Hay que tener en cuenta que después de este periodo y de este año tremendo de 1967, Bob Dylan no volvió a pisar un escenario hasta después de diez años, excepto en contadas apariciones, como por ejemplo en el homenaje que se hizo con motivo del fallecimiento de Woody Guthrie.
Una vez restablecido de su accidente, y de un período de reflexión, desde el punto de vista artístico, Bob Dylan, se volvió mucho más intimista y decidió regresar a sus orígenes judíos y bíblicos, así como a su arraigo en el folklore y tradición de EEUU.
Tal fue el cambio que se operó en la forma de vivir la vida de Dylan, que ésta se hizo mucho más hogareña y familiar, incluso buena parte de su tiempo, la dedicaba a estar con sus amigos con su familia y no solamente a componer sino también a una aficción que nunca ha dejado, que es la pintura.
En otras palabras, si con él llegó el escándalo, con él también llegó la calma. Hasta tal punto que después de la frenética actividad artística que tuvo en los años anteriores, se pasó algo más de un año prácticamente desaparecido y sin publicar absolutamente nada de música. El profeta que había encandilado la juventud de los sesenta se había esfumado, pero eso sí, dejando un rastro y una huella que todo el mundo imitaba y admiraba. Pero dónde estaba Dylan?
Pues como digo estaba en su casa con su familia y sus amigos, entre los que se encontraban, los miembros de la mítica agrupación "The Band", con los que estaba creando la música que iba a hacer en sus próximos dos discos.
El primero de ellos fue "John Wesley Harding", que salió a la venta en 1968 y que dejó absolutamente desconcertado a todo el mundo. Ni rastro del Dylan combativo, visionario e incluso apocalíptico, ni rastro de la canción protesta. Había decidido regresar a lo que siempre quiso hacer, ser un trovador en la más pura tradición de la música de su país. "John Wesley Harding", es un álbum casi bucólico que transmite serenidad y estabilidad, ésa que la había aportado su matrimonio y su familia y su alejamiento de la fama.
Musicalmente es un disco totalmente folk, casi acústico, de canciones sencillas y serenas, ya no tan largas ni mucho menos sino en realidad cortas, muchas de ellas de estilo Country, en el que nos habla de los años épicos de los colonos y pioneros que formaron Estados Unidos, también nos habla de su paisaje, de sus montañas, de sus cielos, y con un aspecto que va a ser definitorio de esta nueva etapa que aunque ya había tenido algún precedente en sus obras anteriores, es ahora cuando se hace muy presente, estoy hablando de las numerosas citas y referencias bíblicas, que aparecerán en el disco.
En medio de la fiebre por los psicodelia o del Blues rock, que empezaba a pegar fuerte, Bob Dylan se aleja completamente de todo lo que se estaba haciendo en esos momentos en el panorama musical, y hace un disco de country. Y sin embargo en realidad Dylan, no había cambiado tanto, porque quién es John Wesley Harding?, pues ni más ni menos que un foragido, muy al estilo de Billy el niño. Por cierto que años más tarde, compuso la banda sonora de la magnífica película de Sam Peckinpah, "Pat Garret y Billy el niño", dejando bien claro el interés que tenía por este tipo de justicieros implacables, pero de buen corazón. En definitiva un Robbin Hood del siglo XIX, un personaje legendario, violento, pero que lo fue para defender la justicia y a los desfavorecidos. Volvemos a ver al Dylan preocupado por los perdedores, marginados y olvidados de la sociedad. En realidad este había sido siempre su gran preocupación. La cara B del sueño americano.
"John Wesley Harding", es un buen disco, un gran disco, que tal vez no está a la altura de todo lo que había hecho anteriormente, porque eso es muy difícil, pero hay que reconocer que mantiene un nivel muy alto, aunque sea con otros parámetros totalmente distintos, pues ni siquiera se parece a sus primeros discos de folk.
Para hacer el álbum, Bob Dylan, se trasladó a Tennessee, al corazón del Country, concretamente a la ciudad de Nashville, donde contrató a dos músicos de sesión, tan solo un bajo y una batería, que funcionó como una base rítmica, a tono con la tranquilidad en la que se encuentra y se envuelve el disco. Sería el propio Bob Dylan, quien acompañara ciertos temas con el piano algunas ocasiones.
Del álbum es obligado destacar, un tema espléndido, "All along the watchtower", para mí uno de los más grandes de Bob Dylan, que popularizó Jimi Hendrix, aunque yo siempre he preferido la versión de Dylan, la cual vuelve a la temática apocalíptica, visionaria, pero en este caso marcadamente enigmática, basada en parte en el libro de Isaías. La canción se articula en torno a dos personajes, un bufón y un ladrón, que podrían representar a las figuras bíblicas de Satanás y el Anticristo. Desde el punto de vista musical lo que más me gusta es su ritmo endiablado, una obra maestra y además la canción que más ha interpretado en la historia de sus conciertos. La verdad es que es un temazo, insisto para mí una de las grandes canciones de Dylan.
El corte siguiente, es otro de los temas que más me gustan del disco, "The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest", que narra con ese espíritu burlón que a veces saca Dylan, la historia de dos amigos, que dejan de serlo por un problema de dinero. Una fantástica balada folk divertida, una composición impecable, pero no exenta de una enseñanza moral, por medio como no de una parábola. De esta canción tomó su nombre la banda de heavy, Judas Priest.
Del resto de canciones que más me gustan, destaco la que da título al disco, "John Wesley Hardin", que tiene un aire sobre todo en los primeros compases muy parecido a "Mr. Tambourine man", y una hermosísima balada country, de corte social muy de actualidad que habla sobre la inmigración, en la que Dylan se solidariza con las dificultades de los inmigrantes. "I Pity the poor immigrant".
El resumen, "John Wesley Hardin" es un álbum espléndido muy agradable de escuchar, en el que Dylan no abandona ni sus inquietudes, ni sus obsesiones, pero en el que se encuentra muchísimo más equilibrado, circunstancias que hace que el disco sea tan especial y tan distinto a todo lo anterior.
Y llego al final de este recorrido que ha supuesto para mí un antiguo placer por la obra de Dylan a lo largo de la década de los '60, es decir entre los años que le vieron convertirse en una estrella primero del folk y luego del Rock, con el análisis del disco publicado en 1969, "Nashville Skyline", algo más de un año después que "John Wesley Hardin", lo que denota ya la tranquilidad con la que se tomaba las cosas Bob Dylan en esos momentos.
"Nashville Skyline" es una obra quizá algo menor que su precedente en mi opinión, pero también tiene una elevada calidad. Mantiene ciertas similitudes con su predecesor, como el hecho de contar con prácticamente los mismos músicos de sesión, así como el tono sereno e incluso feliz del disco.
Uno de los aspectos más destacados es que es sin duda uno de los menos comprometidos y más ligeros intelectualmente de toda la carrera de Dylan. "Nashville Skyline", es un álbum de canciones tranquilas, sin muchas pretensiones y cuyo único objetivo no parece ser otro que el de hacer una música agradable de escuchar. Todo esto es realmente inusitado en Dylan, incluso prácticamente durante el resto de su trayectoria. Además a lo largo de todo el LP se respira un aire de felicidad, alejado de esos discursos satíricos críticos o proféticos. Y es que en ocasiones la portada un disco es el espejo del disco, el fiel reflejo del estado de ánimo de su autor y en esta ocasión vemos a un Dylan sonriente, relajado, feliz, como nunca más se volverá a ver una portada de otro disco suyo.
Lo que parece claro es que Dylan quería marcar distancias con su pasado y para ello se decide a hacer algo completamente nuevo y de hecho lo consiguió y de ahí el gran mérito de este disco, entre otras cosas porque no es fácil cambiar tan radicalmente de estilo y sin embargo conseguir una obra tan apreciable como "Nashville skyline". No obstante el factor más llamativo del álbum sin duda es la voz de Dylan, la cual sufrió un cambio considerable por decisión propia. Con ánimo de hacer que el disco efectivamente sonara lo más posible a la música tradicional americana, quiso también llevar su voz a la de los registros de los crooners clásicos, Elvis Presley o Bing Crosby. Si bien Bob Dylan contaba con la voz de barítono necesaria para ello, estaba bastante alejado de esa tonalidad melosa que tienen los crooners. En cualquier caso el resultado fue bastante satisfactorio. Para conseguir tener una voz más parecida a la del crooner, Bob Dylan tomó una decisión curiosa y tajante, como fue la de dejar de fumar durante seis meses, para lograr pulir su voz y eliminar su particular tono rasgado, debido entre otras cosas al tabaquismo.
El disco se abre con una versión de su maravillosa balada "Girl from the north country", a la cual ya me referí y de la que puse además el enlace, en el primer capítulo que dediqué a Dylan, y es que es una de sus baladas de amor más hermosas y conmovedoras. En esta ocasión, le acompaña su íntimo, gran amigo y monstruo del country y el Rock and Roll, Johny Cash. Inmejorable carta de presentación para el disco, que continúa con el tema homónimo del álbum, que es un desenfadado instrumental country.
Del resto de temas, merece la pena, escuchar la excelente compenetración entre la voz de Dylan y el órgano de Al Kooper en "I threw It All away", y las más animadas, pegadizas y cercanas al Rock and Roll como son "Tell me that It isn't true" y la socarrona "Country Pie",
Lo que está fuera de todo duda por lo menos para mí es que el mejor tema de "Nashville skyline" es esa balada exquisita, sofisticada, elegante, uno de sus clásicos más versionados y exitosos, en cuya sencillez, yo creo que está la clave de su calidad, "Lay lady lay". Particularmente me parece un tema exquisito, en la que Dylan se demuestra a sí mismo que para hacer canciones de amor, no es necesario componer piezas de diez minutos o letras excesivamente barrocas, basta con usar los clichés habituales de las canciones de amor y eso lo digo yo, tener su talento, claro.
Y hasta aquí el análisis del impresionante itinerario de Bob Dylan en los años sesenta. El profeta, el trovador, el visionario, el poeta, el místico, el bíblico y el músico del que (espero no se haya notado demasiado) soy fan absoluto.