domingo, 15 de marzo de 2026

Años 80. Tears for Fears

Ampliamente reconocido como uno de los dúos más prestigiosos de los 80, Tears for Fears son en mi opinión los artífices de un estilo que sintetiza a la perfección la música de esta década y su evolución desde los primeros años, hasta la transición a los '90. Por tanto bien puede ser considerados como totalmente emblemáticos de esta década y su sonido en cierto modo, la quintaesencia de la música de los '80. 

Las complejas texturas musicales de Tears for Fears requieren que no se trate de un dúo puro, por lo que en sus discos siempre están acompañados no solamente de músicos de estudio, sino también en ocasiones por músicos ya reconocidos, que les han acompañado con una presencia nada despreciable. De cualquier modo son Curt Smith, encargado de la base rítmica y los teclados y Roland Orzabal, guitarra y voz principal quienes conforman el dúo y quienes evidentemente aportan el estilo de Tears for Fears. Ellos  son los que han escrito su historia y los que han conformado las características fundamentales de sus proyectos musicales. Aunque ambos son dos músicos fabulosos, se considera que el mayor peso compositivo ha recaído en Roland Orzabal.

Portada del álbum "Songs from the big chair de 1985"

Tears for Fears echaron a andar en 1981, como consecuencia de lo que ha ocurrido otras tantas veces con otros muchos grupos, la coincidencia en los gustos e influencias musicales que en el caso de Curt Smith y Roland Orzabal, también incluyen parecidas inquietudes literarias, así como una manifiesta afición por temas relacionados con la psicología. De hecho su música es en cierto modo bastante introspectiva, reflexiva e intimista. No es música para adolescentes, ni tiene letras intrascendentes, sino que todas ellas, así como sus álbumes en general, aportan una preocupación social y humana notable. En este sentido podíamos decir que Tears for Fears hace una música seria, comprometida, y que a pesar de haber sido muy exitosa, no tiene ni mucho menos una vocación comercial, como cualquier otro grupo pop al uso. En otras palabras ambos músicos son artistas inquietos y bien pertrechados intelectualmente. 

Con relación a las influencias músicales siempre se han declarado seguidores de la vanguardia que generaron buena parte de los fundadores de la new wave, Gary Numan, Peter Gabriel o Talking Heads, aunque también han mencionado abiertamente su admiración por muchos grupos de Rock progresivo. Aunque no total ni absolutamente, pues el estilo de Tears for Fears es muy personal, estas influencias se pueden apreciar en el conjunto general de su obra, lo que les convierte en un grupo muy particular que se aparta de las tendencias más simples del pop rock. En pocas palabras la música de Tears for Fears es estructuralmente muy esmerada, compacta y dotada de una gran dosis de madurez. 

Pero las fuentes de las que bebe el dúo, no se limitan a la new wave, sino que también se remontan a la música electrónica e industrial, en su vertiente más minimalista o al Krautrock, y según algunos críticos, a algunas bandas que llevan a cabo una Rock maduro y sofisticado como Supertramp. En todo caso, yo encuentro una influencia bastante notoria de Roxy music, uno de los grandes pioneros del sophisti pop. Para concluir con una gama de matices tan rica, Tears for Fears adereza su particular estilo new wave, decantándose abiertamente hacia la new romantic, del que personalmente para mí son uno de sus principales representantes, a lo que hay que incluir algunos toques de jazz y soul, por medio de unas producciones de gran elegancia, con líneas de bajo muy melódicas y sintetizadores suntuosos, perfectamente complementados por las voces aterciopeladas típicas de los '80. 

El álbum con el que debutaron publicado en 1983, es un disco conceptual ya muy elaborado para ser su primer trabajo, que aborda asuntos relacionados como la depresión, los abusos y en general temas de carácter psicológico, basados en parte en momentos de la vida de Roland Orzabal. El título lo dice todo "The Hurting", que puede traducirse como el dolor, el daño o la herida. Además de los sintetizadores, llaman la atención la presencia de la percusión de estilo tecno pop y los saxofones tratados electrónicamente. A pesar de desarrollar una música compleja y un tanto oscura, el disco consiguió ser número uno en Reino Unido con facilidad y esto es consecuencia de que realmente es un excelente disco y eso que todavía el dúo se encontraba en fase de formación de su estilo. 

Con una temática como la que aborda, no es raro que encontremos canciones crudas, con una gran dosis de melancolía y una fuerte carga emocional como "Mad world", uno de sus temas más conocidos del que hiciera una excelente versión Gary Jules en 2001, para la banda sonora de la película "Donnie Brasco". 

Las atmósferas saturadas y el lirismo unido a una gran sensibilidad, se despliegan a lo largo de todo el álbum en temas como, "The Hurting" o "Pale Shelter", o la opresiva "The prisoner", que hacen del disco una obra imprescindible de los primeros años de los '80, aunque también encontramos canciones más movidas y marchosas como "Change".

Será con su segundo álbum "Songs from the big chair" con el que alcancen no solamente el reconocimiento mundial, sino un considerable éxito. Es un disco menos oscuro que The Hurting y menos introvertido, lo que contribuyó que llegara de forma más fácil al público. Un aspecto que llama la atención es que tardaron más de dos años en publicarlo, lo que da cuenta de que no es precisamente un grupo prolífico, de hecho no publicaron más que tres álbumes en toda la década,  consecuencia de lo elaborados que están sus producciones que son muy cuidadas y que fueron ganando en arreglos, producción e instrumentación.

El disco, considerado por muchos una de las grandes obras maestras de los '80, no tiene desperdicio y cuenta con colaboraciones de lujo como la del saxofonista Mel Collins, quien ya había participado en "The Hurting" y que fue miembro durante los setenta, ni más ni menos que de King Crimson. Todas las canciones del álbum son excelentes, pero destacan dos temas que seguro que todos conocéis, porque alcanzaron lo más alto de las listas de éxito. Me estoy refiriendo a "Shout", una canción que recuerda bastante a Depeche Mode, y que para muchos es su mejor tema. Para mí también lo es. Un auténtico himno de los '80.

La otra canción que es muy famosa y que fue el tema de los '80 más reproducido durante el año 2021 en Spotify, se trata de la bellísima "Everybody wants to rule The world", una balada exquisita y sensible, que transmite una gran carga emotiva, que a mí personalmente siempre me ha cautivado.


Vaya dos temazos inolvidables y qué excelente disco que os recomiendo que escuchéis por entero. Otra gran canción riquísima de matices es "Head over heels" en la que por momentos parece que estás escuchando a Simple Minds y el último corte "Listen" delicadísima, evocadora y llena de lirismo mágico, con unos arreglos fabulosos.  

Como he dicho, el dúo tan solo publicó tres discos en los 80, siendo el último lanzado cuatro años después que el anterior, justo ya acabando la década, en septiembre de 1989. "The Seeds of love" es otro disco sensacional, con un título muy bonito por cierto, en el que incorporan a su estilo elementos jazzísticos y de soul, con la colaboración en este caso de la gran cantante Oleta Adams. Es un álbum que gana apreciablemente en arreglos y orquestación y que tiene una particularidad que no estaba presente en sus dos trabajos anteriores, un toque Beat, que realmente y sobre todo en su gran obra maestra y gran éxito del disco del álbum "Sowing The Seeds of love", recuerda enormemente a los Beatles. El álbum toca temáticas sociales y políticas, pero también tiene un tono muchísimo más optimista que los anteriores con un sonido más alegre y sofisticado si cabe y canciones que no son precisamente cortas, casi todas ellas superando los cinco o seis minutos, demostrando con ello que en ningún momento componen sus canciones pensando que sean reproducidas por las emisoras de radio. Buena parte del disco son baladas muy suaves, melódicas y elegantes, que invitan la relajación, excepto las tres primeras que son absolutamente antológicas y de carácter más jazzístico, en las que destaca una excelente percusión, gracias a la colaboración de un sensacional Phil Collins en el primer corte "Woman in chains", demostrando que es uno de los mejores bateristas de la historia del Rock, y del gran percusionista de Peter Gabriel, Manu Katché en el tema "Badman' song", que es una pieza absolutamente fabulosa. 

Del tremendo reconocimiento que tuvo el disco cabe señalar que fue disco de oro y platino en varios países. 

Del disco no pudo por menos que compartir "Sowing The Seeds of love", esa canción inolvidable, que es como el eje vertebrador de todo el álbum, absolutamente mágica y que al escucharla parece realmente como si los Beatles hubieran seguido tocando a finales de los '80. Si ellos hubieran estado en 1989, probablemente hubieran hecho una canción como esta, sin duda. Como casi todos los temas Tears for Fears viene acompañado de un vídeo excelente y muy vistoso, que incluye símbolos demarcado carácter esotérico.



Una vez más, las desavenencias entre los dos miembros provocó su separación, aunque luego volvieran a reunirse diez más tarde y hayan retomado la actividad. Curiosamente la última canción del disco se llama "Famous last world" en clarísima alusión al gran álbum de Supertramp que supuso la salida de Roger Hogdson de la banda y que anunciaba en este caso también la separación que iba a producirse en Tears for Fears.

De cualquier modo sus tres discos de los '80 son imprescindibles, tres obras maestras que nos han dejado un legado invaluable y con las que se han escrito unas de la páginas mas brillantes de la década de los´80.


Nacho Díez 

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