miércoles, 25 de marzo de 2026

Años 80. The Pretenders

Durante los años ochenta, una de las bandas más rockeras, sobre todo en sus inicios, capaz de alcanzar un éxito notable, fue The Pretenders, un grupo formado por músicos británicos, con la excepción de su cantante y líder indiscutible, la vocalista y guitarrista nacida en Ohio, Chrissie Hynde, quién por encima del resto de miembros fue quien diseñó y creó el estilo del grupo. Sin embargo no por ello debemos de pensar que el sonido de The Pretenders tiene un componente mayoritariamente afín al Rock americano, sino que sus orígenes estuvieron fundamentados en el punk londinense, debido a que cuando Chrissie Hynde formó la banda llevaba ya unos cuantos años viviendo en Londres. 

El peso de la artista norteamericana es de tal envergadura en el grupo, que en efecto, The Pretenders puede decirse que es prácticamente la banda de Chrissie Hynde. Es así que su historia se remonta a cuando ella decidió emigrar de su Ohio natal a Londres, para poder dar forma al sueño que siempre tuvo, que era la formación de un grupo de Rock. Antes de eso se nutrió del movimiento contracultural que inundaba el ambiente universitario de EEUU de los '70, de donde proviene su  estatus de activista en varios frentes. Fue en estos años cuando empezó a asistir con frecuencia a los conciertos que ofrecían sus ídolos, Iggy Pop, Rolling Stones y sobre todo The Kinks. Su vida quedó marcada para siempre y tuvo claro que quería ser como ellos, para lo cual decidió emigrar a comienzo los de los '70 al Reino Unido, donde entabló contacto con críticos musicales y productores a partir del año 1974. Pero todavía la formación del grupo estaba lejos y tuvo que pasar un tiempo y llegar 1976 justo cuando estalló el movimiento punk, para que empezara a conocer personalmente a los miembros de Sex Pistols o The Clash. Esto marcó ya definitivamente el proyecto musical de Chrissie Hynde, quien se alinearía en sus inicios con este movimiento. 

Por fin en 1978, conoce al muy competente bajista Pete Farndon y a su amigo, el interesante guitarrista James Honeyman Scott, músico bien formado, con gustos  dispares que abarcaban desde el Blues Rock, hasta la new wave de Elvis Costello. Los tres empezaron a grabar sus primeras maquetas juntos, para lo cual contrataron al baterista Martin Chambers. El grupo desde el principio estuvo marcado por la fuerte personalidad de Chrissie Hynde, su presencia varonil, contundente y agresiva que recuerda a Joan Jett y Patti Smith, encajaba perfectamente con los estándares del punk. Existe otra cantante que ha influido mucho en Chrissie Hynde, que es Debbie Harry, la líder de Blondie, como luego mostraré.

Portada de su primer Lp "Pretenders I"

Prácticamente toda la crítica está de acuerdo en que su álbum debut "Pretenders I" es su mejor trabajo, en efecto, la verdad es que el espíritu rockero y las ganas que tenían de tocar, hicieron de este disco uno de los más importantes del año 1980, lo cual no es pocoLos cuatro músicos se muestran muy inspirados y perfectamente acoplados, destacando la versatilidad de la guitarra, y por encima de todo la extraordinaria voz de Chrissie Hynde, que dotaba de una energía extraordinaria al grupo. 

No obstante un aspecto crucial para entender a The Pretenders, es que llegaron tarde al punk, las dificultades y el tiempo que tardó en formarse la banda, hicieron que cuando grabaron ya su primer disco en 1980, el punk ya estuviera muerto y lo que había quedado era el post punk y la new wave. De manera que aunque en mi opinión, el sonido principal de Pretenders durante los primeros ochenta se ajusta al punk rock, también tiene componentes de new wave, cuya presencia se ha ido incrementando ha medida que iban pasando los años. Algo que también fue decisivo para el sonido del grupo, fue la presencia del polifacético productor, Chris Thomas, quien había trabajado con Pink Floyd, Queen, Sex Pistols, Elton John y un largo etcétera. De este modo el álbum que como digo es magnífico suena en ciertas ocasiones a un punk algo edulcorado, pero también al estilo sofisticado de los primeros años de Blondie, dando con ello muestras de cierta presencia del rock americano en el grupo. Para concluir con tan variada amalgama de géneros, la pasión y devoción que sentía Chrissie Hynde por The Kinks, hace que también existan en el álbum reminiscencias del gran grupo surgido en los '60, hasta el punto de que incluyeron una versión de su tema "Stop your sobbing".

Como suele ser habitual cuando un disco es muy bueno, os recomiendo que lo escuchéis entero, de cualquier modo voy a compartir dos canciones que me parecen muy representativas de la fusión de punk y new wave que es la seña de identidad del disco. El primero es una versión en directo de "Precious", en el que se puede apreciar la fuerza y la energía de la banda en un tema muy cercano al punk, con un sonido fresco y rockero.



La otra canción "Brass in pocket" es uno de sus grandes éxitos, un tema mucho más relajado en el que se nota la presencia de la new wave y el talento compositivo de Chrissie Hynde, así como la versatilidad de James Honeyman Scott con la guitarra, capaz de tocar no solo con toda la fuerza del punk, sino también interpretar perfectamente la sofisticación melódica de la new wave.




Con un álbum debut tan fabuloso y tan apreciado por crítica y público, The Pretenders no podían haber empezado mejor su andadura. Pero su segundo disco de 1981, decepcionó un tanto las expectativas que habían generado. Parte de ello se debe al hecho de que optaron por abandonar su inclinación inicial por el punk, en favor de una new wave más suave, con canciones más pegadizas que buscaban acercarse al pop, pero cuyo resultado no termina de convencer. 
En el disco titulado "Pretenders II", se alternan canciones que mantienen aún el espíritu rockero, como el segundo corte "Bad Boys get spanked", o "Message of love" que me recuerda mucho a The Clash, con bonitas baladas como "I Go to Sleep", pero termina decayendo sobre todo a partir de la cara B. Por cierto que en este año, Chrissie Hynde mantuvo una relación con su ídolo de la adolescencia, Ray Davies, el líder carismático de The kinks, de la cual nació una hija, un romance que duró cuatro años. 
Durante la gira del disco empezaron los auténticos problemas para The Pretenders de los cuales nunca se recuperaron del todo, el bajista Pete Farndon comenzó a tener un comportamiento errático por su adicción a la heroína, que derivó en su expulsión del grupo y que por desgracia le acarrearía la muerte unos meses después. Pero las desgracias no acabaron aquí, pues el propio guitarrista, James Honeyman Scott, nada más terminada la gira del 82, falleció de una sobredosis. La sombras de las drogas se había adueñado del grupo y amenazaban acabar con él. Si bien Pete Farndon, había portado mucha consistencia a la base rítmica del grupo, James Honeyman Scott, había sido la perfecta complementación a la voz de Chrissie Hynde, enriqueciendo todos los temas con fantásticos acompañamientos de acordes y una gran variedad de sonidos, además de dar todo el empuje punk rock al primer disco.

A pesar de todo, Chrissie Hynde decidió continuar con la banda, aunque para ello tuvo que reformarla completamente. Un proceso que la llevó casi tres años y para lo cual decidió rodearse de músicos más próximos a la new wave, dejando atrás sus raíces punks. "Learning to Crawl" supuso un gran esfuerzo para todo el grupo, pero el resultado, mereció la pena. El disco fue muy bien acogido por la crítica y los fans, siendo para mi gusto el segundo mejor disco de toda su carrera tras Pretenders I y en el que se aprecia una considerable mejoría en el trabajo de producción y arreglos. El fichaje de Robbie Mcintosh, un guitarrista de estudio con buena reputación fue todo un acierto y logró que apenas se echara en falta la ausencia de James Honeyman Scott. Con ello, The Pretenders consiguió recuperar buena parte de la frescura de su primer Lp. 
El disco empieza fuerte, con "Middle of the road" un gran tema con sonido new wave, pero también muy cañero, al igual que la sensacional "Time the avenger" que me recuerda a Blondie una vez más y la voz de Debbie Harry. También me gusta mucho los aires rockabilly de "Thumbelina". Aparecen como suele ser habitual, unas cuantas baladas, entre las que destaca la navideña "2000 miles". No obstante, la cara B baja un poco el nivel con el que arranca el disco, como sucedió en Pretenders II.

Cuando parecía que volvían a tomar el rumbo con firmeza, Chrissie Hynde despidió al único miembro original que quedaba del grupo, el baterista Martin Chambers. Estamos en 1985 y durante todo ese tiempo, el batería no había podido superar la muerte de sus dos amigos acaecida tres años antes, como así atestiguan las declaraciones de Chrissie Hynde, diciendo que Martin Chambers estaba tocando muy mal en los últimos tiempos y que continuaba traumatizado por la desgracia que había azotado al grupo, así que lo mejor para él y para el grupo, era que se tomara un descanso. Finalmente Martin Chambers tardó en volver casi una década, pero regresó y aún continúa siendo miembro del grupo. De este modo solamente ella quedó como miembro original de la banda, y una vez más se encontraba ante una crisis que la obligaba recomponer el grupo, algo que no es sencillo cuando estás rodeado de músicos de sesión, que son llamados por otros artistas, pues en el fondo no pertenecen a ninguna banda en concreto. 

Esta situación se ha ido ya repitiendo desde entonces y por eso he dicho al principio que The Pretenders es la banda de Chrissie Hynde, y el resto de músicos son contratados prácticamente por cada álbum. Esto trajo como consecuencia cierta inestabilidad y una ausencia de estilo y de personalidad a partir de finales de los ´80. 

De ahí que su siguiente disco de 1986, "Get Close" bajó con respecto al anterior álbum, y eso que se rodeó de músicos de bastante calidad, algunos asociados a Talking Heads, otros como Carlos Alomar, colaborador habitual de Bowie, mientras además consiguió retener al guitarrista Robbie Macintosh que tan buenos resultados le había dado. También hay que destacar el hecho de que cambiaron de productor, buscando una producción musical más vinculada con la música new wave, pero sobre todo con el soul- funk.

Personalmente tengo que decir que el disco no está tan mal, de  hecho a mi me gusta, aunque es cierto que es inferior a "Learn to crawl" y en ocasiones es inconsistente. Se trata de un álbum ambicioso que pretende ser una mezcla de new wave y funk, dejando ya para siempre atrás el estilo rockero. Para ello contó con la presencia de numerosos músicos y una variada orquestación de viento y percusión y la aparición por primera vez de los sintetizadores. "Get Close" alterna temas que fusionan funk y new wave un poco al estilo de Talking Heads como el tema Dance!, que aportan frescura y cuentan con una buena ejecución. La banda con este disco es más compacta, tiene un mejor sonido, es más rica en matices, también es un disco más sereno, pero a cambio pierden su garra y potencia rockera. Además suenan un poco más americanos que británicos, quizás porque el peso de Chrissie Hynde es mucho mayor, sea como fuere, lo que está claro es que es un disco con una vocación notablemente más comercial.

De cualquier modo y a pesar de no ser bien recibido por la critica,  con "Get Close" alcanzaron las puestos más altos en la lista de ventas, logrando lo que no habían conseguido hasta entonces, dos número uno, que obviamente son los éxitos más importantes de la banda, dos temas muy muy conocidos que seguro que vais a reconocer. 

El primero de ellos es "Don't get me wrong", uno de los temas que más han sonado en toda la década de los 80, con el que The Pretenders alcanzó la cima más alta de su carrera. Es una canción de corte pop, pegadiza y algo bailable, que no se ajusta a los características del álbum, pero que nadie puede poner en duda que es una de las grandes composiciones de Chrissie Hynde.


El otro tema que alcanzó el número 1 es el que abre el disco, "My baby", una interesante canción dedicada a la hija que tuvo con Ray Davies, que combina toques de jingle pop, con ciertos aires folk, siendo la primera vez que The Pretenders empleaba la guitarra acústica. Pero no voy a compartir esta canción, sino que me voy a decantar por un tercer tema también muy famoso, una canción preciosa titulada "Hymn to her", que es un alegato en defensa de la mujer en forma de balada pop, otra demostración del gran talento compositivo de Chrissie Hynde. 



A pesar del éxito cosechado, los continuos cambios de personal y la circunstancia de que el último álbum no fuera bien recibido por la crítica y produjera cierta incomprensión en sus seguidores, motivaron que The Pretendes no grabara ya más discos durante la década de los 80, siendo su siguiente álbum justo del año 1990. A partir de entonces Chrissie Hynde apareció como única miembro oficial del grupo en cada uno de los álbumes. En cualquier caso, lo que está fuera de toda discusión es que The Pretenders es básicamente la historia de una mujer fuerte, valiente, decidida, que a pesar de todos los problemas que tuvo, que no fueron pocos, fue capaz de ir superando todos y cada uno de ellos y alcanzar la cima del éxito con todo merecimiento.


Valoración de 0 a 10 de la discografía de los 80:


1980 – Pretenders I.                      8 PUNTOS

1981 – Pretenders II.                     6 PUNTOS 

1984 – Learning To Crawl.            7 PUNTOS 

1986 – Get Close                           7 PUNTOS


Nacho Díez 

domingo, 15 de marzo de 2026

Años 80. Tears for Fears

Ampliamente reconocido como uno de los dúos más prestigiosos de los 80, Tears for Fears son en mi opinión los artífices de un estilo que sintetiza a la perfección la música de esta década y su evolución desde los primeros años, hasta la transición a los '90. Por tanto bien puede ser considerados como totalmente emblemáticos de esta década y su sonido en cierto modo, la quintaesencia de la música de los '80. 

Las complejas texturas musicales de Tears for Fears requieren que no se trate de un dúo puro, por lo que en sus discos siempre están acompañados no solamente de músicos de estudio, sino también en ocasiones por músicos ya reconocidos, que les han acompañado con una presencia nada despreciable. De cualquier modo son Curt Smith, encargado de la base rítmica y los teclados y Roland Orzabal, guitarra y voz principal quienes conforman el dúo y quienes evidentemente aportan el estilo de Tears for Fears. Ellos  son los que han escrito su historia y los que han conformado las características fundamentales de sus proyectos musicales. Aunque ambos son dos músicos fabulosos, se considera que el mayor peso compositivo ha recaído en Roland Orzabal.

Portada del álbum "Songs from the big chair de 1985"

Tears for Fears echaron a andar en 1981, como consecuencia de lo que ha ocurrido otras tantas veces con otros muchos grupos, la coincidencia en los gustos e influencias musicales que en el caso de Curt Smith y Roland Orzabal, también incluyen parecidas inquietudes literarias, así como una manifiesta afición por temas relacionados con la psicología. De hecho su música es en cierto modo bastante introspectiva, reflexiva e intimista. No es música para adolescentes, ni tiene letras intrascendentes, sino que todas ellas, así como sus álbumes en general, aportan una preocupación social y humana notable. En este sentido podíamos decir que Tears for Fears hace una música seria, comprometida, y que a pesar de haber sido muy exitosa, no tiene ni mucho menos una vocación comercial, como cualquier otro grupo pop al uso. En otras palabras ambos músicos son artistas inquietos y bien pertrechados intelectualmente. 

Con relación a las influencias músicales siempre se han declarado seguidores de la vanguardia que generaron buena parte de los fundadores de la new wave, Gary Numan, Peter Gabriel o Talking Heads, aunque también han mencionado abiertamente su admiración por muchos grupos de Rock progresivo. Aunque no total ni absolutamente, pues el estilo de Tears for Fears es muy personal, estas influencias se pueden apreciar en el conjunto general de su obra, lo que les convierte en un grupo muy particular que se aparta de las tendencias más simples del pop rock. En pocas palabras la música de Tears for Fears es estructuralmente muy esmerada, compacta y dotada de una gran dosis de madurez. 

Pero las fuentes de las que bebe el dúo, no se limitan a la new wave, sino que también se remontan a la música electrónica e industrial, en su vertiente más minimalista o al Krautrock, y según algunos críticos, a algunas bandas que llevan a cabo una Rock maduro y sofisticado como Supertramp. En todo caso, yo encuentro una influencia bastante notoria de Roxy music, uno de los grandes pioneros del sophisti pop. Para concluir con una gama de matices tan rica, Tears for Fears adereza su particular estilo new wave, decantándose abiertamente hacia la new romantic, del que personalmente para mí son uno de sus principales representantes, a lo que hay que incluir algunos toques de jazz y soul, por medio de unas producciones de gran elegancia, con líneas de bajo muy melódicas y sintetizadores suntuosos, perfectamente complementados por las voces aterciopeladas típicas de los '80. 

El álbum con el que debutaron publicado en 1983, es un disco conceptual ya muy elaborado para ser su primer trabajo, que aborda asuntos relacionados como la depresión, los abusos y en general temas de carácter psicológico, basados en parte en momentos de la vida de Roland Orzabal. El título lo dice todo "The Hurting", que puede traducirse como el dolor, el daño o la herida. Además de los sintetizadores, llaman la atención la presencia de la percusión de estilo tecno pop y los saxofones tratados electrónicamente. A pesar de desarrollar una música compleja y un tanto oscura, el disco consiguió ser número uno en Reino Unido con facilidad y esto es consecuencia de que realmente es un excelente disco y eso que todavía el dúo se encontraba en fase de formación de su estilo. 

Con una temática como la que aborda, no es raro que encontremos canciones crudas, con una gran dosis de melancolía y una fuerte carga emocional como "Mad world", uno de sus temas más conocidos del que hiciera una excelente versión Gary Jules en 2001, para la banda sonora de la película "Donnie Brasco". 

Las atmósferas saturadas y el lirismo unido a una gran sensibilidad, se despliegan a lo largo de todo el álbum en temas como, "The Hurting" o "Pale Shelter", o la opresiva "The prisoner", que hacen del disco una obra imprescindible de los primeros años de los '80, aunque también encontramos canciones más movidas y marchosas como "Change".

Será con su segundo álbum "Songs from the big chair" con el que alcancen no solamente el reconocimiento mundial, sino un considerable éxito. Es un disco menos oscuro que The Hurting y menos introvertido, lo que contribuyó que llegara de forma más fácil al público. Un aspecto que llama la atención es que tardaron más de dos años en publicarlo, lo que da cuenta de que no es precisamente un grupo prolífico, de hecho no publicaron más que tres álbumes en toda la década,  consecuencia de lo elaborados que están sus producciones que son muy cuidadas y que fueron ganando en arreglos, producción e instrumentación.

El disco, considerado por muchos una de las grandes obras maestras de los '80, no tiene desperdicio y cuenta con colaboraciones de lujo como la del saxofonista Mel Collins, quien ya había participado en "The Hurting" y que fue miembro durante los setenta, ni más ni menos que de King Crimson. Todas las canciones del álbum son excelentes, pero destacan dos temas que seguro que todos conocéis, porque alcanzaron lo más alto de las listas de éxito. Me estoy refiriendo a "Shout", una canción que recuerda bastante a Depeche Mode, y que para muchos es su mejor tema. Para mí también lo es. Un auténtico himno de los '80.

La otra canción que es muy famosa y que fue el tema de los '80 más reproducido durante el año 2021 en Spotify, se trata de la bellísima "Everybody wants to rule The world", una balada exquisita y sensible, que transmite una gran carga emotiva, que a mí personalmente siempre me ha cautivado.


Vaya dos temazos inolvidables y qué excelente disco que os recomiendo que escuchéis por entero. Otra gran canción riquísima de matices es "Head over heels" en la que por momentos parece que estás escuchando a Simple Minds y el último corte "Listen" delicadísima, evocadora y llena de lirismo mágico, con unos arreglos fabulosos.  

Como he dicho, el dúo tan solo publicó tres discos en los 80, siendo el último lanzado cuatro años después que el anterior, justo ya acabando la década, en septiembre de 1989. "The Seeds of love" es otro disco sensacional, con un título muy bonito por cierto, en el que incorporan a su estilo elementos jazzísticos y de soul, con la colaboración en este caso de la gran cantante Oleta Adams. Es un álbum que gana apreciablemente en arreglos y orquestación y que tiene una particularidad que no estaba presente en sus dos trabajos anteriores, un toque Beat, que realmente y sobre todo en su gran obra maestra y gran éxito del disco del álbum "Sowing The Seeds of love", recuerda enormemente a los Beatles. El álbum toca temáticas sociales y políticas, pero también tiene un tono muchísimo más optimista que los anteriores con un sonido más alegre y sofisticado si cabe y canciones que no son precisamente cortas, casi todas ellas superando los cinco o seis minutos, demostrando con ello que en ningún momento componen sus canciones pensando que sean reproducidas por las emisoras de radio. Buena parte del disco son baladas muy suaves, melódicas y elegantes, que invitan la relajación, excepto las tres primeras que son absolutamente antológicas y de carácter más jazzístico, en las que destaca una excelente percusión, gracias a la colaboración de un sensacional Phil Collins en el primer corte "Woman in chains", demostrando que es uno de los mejores bateristas de la historia del Rock, y del gran percusionista de Peter Gabriel, Manu Katché en el tema "Badman' song", que es una pieza absolutamente fabulosa. 

Del tremendo reconocimiento que tuvo el disco cabe señalar que fue disco de oro y platino en varios países. 

Del disco no pudo por menos que compartir "Sowing The Seeds of love", esa canción inolvidable, que es como el eje vertebrador de todo el álbum, absolutamente mágica y que al escucharla parece realmente como si los Beatles hubieran seguido tocando a finales de los '80. Si ellos hubieran estado en 1989, probablemente hubieran hecho una canción como esta, sin duda. Como casi todos los temas Tears for Fears viene acompañado de un vídeo excelente y muy vistoso, que incluye símbolos demarcado carácter esotérico.



Una vez más, las desavenencias entre los dos miembros provocó su separación, aunque luego volvieran a reunirse diez más tarde y hayan retomado la actividad. Curiosamente la última canción del disco se llama "Famous last world" en clarísima alusión al gran álbum de Supertramp que supuso la salida de Roger Hogdson de la banda y que anunciaba en este caso también la separación que iba a producirse en Tears for Fears.

De cualquier modo sus tres discos de los '80 son imprescindibles, tres obras maestras que nos han dejado un legado invaluable y con las que se han escrito unas de la páginas mas brillantes de la década de los´80.


Nacho Díez 

jueves, 5 de marzo de 2026

Años 60. Small Faces. Mods y mucho más

Tenía ganas de hablar de los Small Faces, grupo injustamente olvidado en la actualidad y nunca suficientemente reconocido como se merece si atendemos al nivel excelente de su corta, pero intensa discografía. Small Faces fueron desde su aparición una banda de extraordinaria relevancia para la evolución de la música de los '60, siendo rivales artísticos, que no personales de los Who, con los que guardaban muchas similitudes y con los que lideraron el movimiento mod. 

Portada del primer disco de Small Faces

Los mods fueron una subcultura de jóvenes provenientes de los estratos de la clase media y obrera sobre todo del sur de Inglaterra, en mi opinión exageradamente tildados de rebeldes sin causa, a los que se recuerda por su estética e indumentaria colorista y por su afición a las motocicletas lambretta a las que les gustaba decorar su parte delantera con multitud de faros, así como por protagonizar numerosos enfrentamientos callejeros con la otra gran tribu urbana rival, que eran los "Rockers". 

Este movimiento en realidad nunca tuvo una música asociada a ella, es decir nunca ha existido algo que se pueda calificar de "música mod". A los mods les gustaba el Rythm& blues, el soul y el Blues de procedencia negra, pero sí es cierto que espontáneamente sentían predilección por a una serie de grupos, entre los que se encontraba The Who, pero sobre todo Small Faces, a quienes tenían en lo más alto y consideraban como genuinamente mods, aunque en el fondo no lo fueran. En efecto, Small Faces eran mucho más que un grupo al abrigo del movimiento mod, fue un grupo magnífico, que hacían una música explosiva, poderosa, radical, cruda, próxima al garaje, cargada de energía, de puro Rythm&Blues cuando se lo proponían, pero sin renunciar a la experimentación y a la psicodelia a medida que ganaban madurez.


Una imagen típica de los mods

Small Faces, como The Kinks, son de esas rarezas que no necesitaron del paso del tiempo para convertirse en un grupo de culto, porque lo fueron desde el primer momento. Aunque su existencia fue efímera, la influencia que han ejercido en las generaciones posteriores está fuera de toda discusión, sobre todo en las surgidas en el punk y la new wave de finales de los '70. Baste decir que un grande como Paul Weller, líder de los Jam, los consideraba el grupo perfecto, al que siempre quiso parecerse, además de ser un gran admirador de su líder, Steve Marriott. 

A pesar de tocar fundamentalmente en ambientes underground, no debemos pensar que no fue un grupo exitoso. Small Faces alcanzó el Nº1 en las listas británicas con su sencillo de 1966 "All or nothing" y su álbum "Odgens´Nut Gone Flake" también permaneció ni  más ni menos que seis semanas en el primer puesto de ventas del año 1968.

El grupo mantuvo siempre una alineación estable en forma de cuarteto, cuyo líder indiscutible fue Steve Marriott, uno de esos grandes genios que surgen del Rock británico, con un talento descomunal, excelente compositor, guitarrista y mejor cantante, que está en la línea de esos grandes músicos alternativos, como son Eric Burdon o Ray Davies. El cuarteto lo completaba un plantel de músicos fabulosos, Ronnie Lane al bajo, Kenney Jones, un auténtico golpeador de la batería al estilo de Keith Moon, el baterista de los Who, y por último Ian McLagan en los teclados, que aportaba frescura al estilo ruidoso de la banda y que al fin y a la postre, para mí es uno de los sellos distintivos del grupo.

Pero volvamos a Steve Marriott, auténtico icono de la música alternativa, fue un adelantado y un visionario, y tal vez también un músico un tanto autoexigente y perfeccionista. Fue íntimo amigo de David Bowie, con quien estuvo a punto de formar un dúo, pero al final Bowie, decidió seguir en solitario y Marriott fundar Small Faces. De cualquier modo, la influencia que ejerció Marriott en Bowie es muy notable, sobre todo en la forma de modular la voz, en ocasiones muy similar en ambos cantantes, aunque más enfatizada en Bowie. 

Su primer disco de 1966, publicado por el sello Decca, lo titularon "Small Faces" al igual que el nombre del grupo, no se comieron mucho la cabeza, demostrando con ello lo impulsivos y espontáneos que eran y que el marketing no iba con ellos. Es ya un disco muy bueno en el que el sonido del grupo está ya perfectamente definido. Es destacable y sorprendente que no haya ninguna versión de clásicos del Rythm&blues en todo el disco,  práctica muy habitual en los grupos que empezaban a darse a conocer, sin embargo Small Faces completaron su primer LP, con composiciones propias. De ellas sobresalen sus dos primeros grandes éxitos, "Whatcha Gonna Do About It" y "Sha-La-La-La-Lee" que habían sido lanzados como singles.  

Tras romper con Decca, ficharon por una nueva discográfica, Inmediate Records, con la que lanzaron su segundo Lp, que curiosamente y para demostrar que el marketing no era lo suyo, titularon exactamente igual que el primero y exactamente igual que el nombre del grupo, sin ni siquiera aportar una numeración que los distinguiera. Al final los discos se conocían por la discográfica que nos lanzó, el primero es el "Small Faces de Decca" y el segundo "el Small Faces de Inmediate". 


Como cabía esperar, el disco mejora con respecto al primero. En general todo el grupo está mucho más acoplado y posee ya las tablas suficientes como para empezar a abordar temas también cercanos a la psicodelia. Temas como "Green circles", "Itchycoo park" y "I'm only dreaming" se encontraban entre los favoritos de sus seguidores. Es en este disco en el que también coquetean con los ambientes oníricos y surrealistas muy propios de momento y del consumo de LSD.

De este gran disco voy a seleccionar dos fabulosos temas. El primero, "Tell me have you ever seen" es totalmente garajero, muy potente y con un estribillo muy pegadizo. A mí es una de las canciones que más me gusta del grupo.


Y la segunda canción es como muchas otras de los Small Faces, un tema en el que claramente se aprecia que la voz de Steve Marriott recuerda mucho a la del primer Bowie, menos melosa que la del duque blanco, pero a  cambio, más melódica. 


A pesar de que tan solo duraron cuatro años como banda, fueron muy prolíficos sobre todo en singles, hasta el punto de que en 1967, apareció reunidos muchos de ellos en un Lp titulado "From the Begining". De entre esos sencillos quiero compartir "Hey Girl", una canción muy "mod", muy cañera. Small Faces en toda su plenitud expresiva.





El último disco de Small Faces "Ogden nut gone flake" publicado en 1968, es como no podía ser de otra forma muy ambicioso. Es el año en el que todas las grandes bandas, The Kinks, The Who, los Rollings, los Beatles, todos sin excepción habían decidido hacer álbumes conceptuales, recurriendo a la psicodelia como género adecuado para ello. Se llamaban discos conceptuales porque en ellos había detrás una historia por lo general con tintes cómicos, cuya estructura seguía los patrones del music hall. Los álbumes conceptuales rompieron con los discos que se hacían hasta entonces, que solamente eran una sucesión de canciones, sin un argumento que las uniera. Detrás de los álbumes conceptuales está la idea de que la música podía traspasar las fronteras de su propio lenguaje y ser un medio artístico integral. 
Small Faces no fue una excepción y "Ogden nut gone flake" fue concebido bajo los mismos planteamientos. Un álbum de corte experimental y psicodélico, con el que se situaban a la altura de las grandes bandas del momento. Curiosamente y ante los errores comerciales que cometieron en los discos anteriores, decidieron hacer una portada muy llamativa y no solamente en la carátula, sino con la propia forma de la portada, a la que diseñaron con una forma totalmente redonda, sin una cubierta cuadrada como es habitual. El diseño causó sensación y el disco fue todo un éxito. El título del disco parodiaba no se sabe muy bien por qué, a una antigua marca de tabaco. Desde su lanzamiento ha sido considerado uno de los mejores exponentes de las psicodelia británica y también su mejor trabajo. 
Sin embargo, también fue lo que produjo la súbita desaparición del grupo. Steve Marriott, entendía la música y la vida, al igual que la canción "All or nothing" de su primer álbum, o todo o nada. El hecho es que durante la gira promocional, tenían previsto acompañar a los conciertos con actuaciones teatrales, que ilustraran el argumento del álbum. Pero por diferentes motivos logísticos y económicos esto no fue posible, lo que produjo la ira de Steve Marriott quien inmediatamente decidió dejar el grupo, pues entendió que de este modo se estaba mutilando la creatividad del grupo y en consecuencia, no tenía sentido alguno seguir con él y mucho menos tocar en directo las canciones del disco. 
Evidentemente Steve Marriott tenía razón, pero de ahí a tomar una decisión tan radical, es una exageración que cuesta de entender, pero así fueron las cosas y éste fue el final de Small Faces.

De este disco que se considera su obra maestra, voy a seleccionar el primer corte instrumental, de título homónimo en el que podemos apreciar al arranque de la canción cómo utiliza Steve Marriott el pedal wah wah. Super psicodélico!!!!



Tras las cenizas del grupo, el resto de miembros formaron una banda a la que dieron el nombre de Faces, sin el "Small". Un fantástico grupo que no fue más que la continuación de la banda anterior pero sin Steve Marriott, a la que se incorporaron ni más ni menos que quien fuera posteriormente el guitarrista de los Rolling, el gran Ron Wood y un joven Rod Stewart, que venía de formar parte del grupo de Jeff Beck.  Steve Marriott, por su parte formó Humble Pie, un grupo que contaba con la participación de Peter Frampton, y en donde Marriott siguió haciendo muy buena música, pero todo esto ya pertenece a la década de los '70.

Como veis, todos los nombres que de un modo u otro estuvieron asociados a Small Faces, son de primer orden, Rod Stewart, Ron Wood, Peter Frampton y el propio Steve Marriott, todo un lujo de grupo, del que espero que hayáis disfrutado.


Nacho Díez