sábado, 15 de noviembre de 2025

Años 80. Ultravox

Para terminar esta serie de publicaciones dedicadas al post punk, la new wave, el tecno pop y los neorrománticos, géneros que aunque puedan parecer muy distantes unos de otros, en realidad están todos relacionados entre sí, qué mejor que hacerlo con un grupo que precisamente ha tocado todos esos géneros y alguno más, pues desde el punk más auténtico de sus inicios, fue probando con todos los nuevos estilos y las vanguardias que iban apareciendo en los años de transición que van de finales de los 70 hasta principios de los 80, hasta acabar convirtiéndose en uno de las referencias más indiscutibles de la música tecno y del movimiento neorromántico. Estoy hablando de Ultravox, esa banda mítica, que como consecuencia de haber estado siempre interesada en la experimentación, desarrolló una trayectoria musical muy variada y heterodoxa, que he motivado que haya sido considerada como una de las banda precursoras de gran parte de los movimientos ochenteros. 

No obstante hay otra explicación para comprender que Ultravox tuviera tal amalgama de estilos, que no es otra que la división de su historia en dos grandes etapas totalmente distintas la una de la otra. Una primera que protagonizó su líder inicial John Foxx, que comprende desde la fundación del grupo en 1976 hasta 1979 y que fue un período en el que la banda siguió la estela del punk y la new wave en su versión más cañera, con claras influencias del glam más sofisticado de súper grupos como Roxy Music, hasta evolucionar finalmente como muchas otras bandas hacia el post punk, y otra época que abarca desde 1980 hasta el 87. 

Con respecto al primer período, lo cierto es que no tuvieron suerte y aunque John Foxx es un músico muy interesante, no acabó de lograr dar un estilo definido al grupo. Personalmente aprecio la discografía de esos años, aunque es verdad que el sonido de la banda no termina de despuntar en ningún género en concreto, lo que motivó que el público le diera la espalda. 

Portada del álbum System of Romance de su primera etapa con John Foxx

Así que al final pasó lo que tenía que pasar, el sello Island al que pertenecían rescindió el contrato, provocando finalmente que John Foxx saliera del grupo. Visto ahora puede parecer injusto, pero la industria es implacable y la pela es la pela.

A partir de ese momento comienza un período completamente diferente para Ultravox hasta el punto de que podemos considerarla verdaderamente otra banda distinta. Esto se debió a la sustitución de John Foxx por el nuevo cantante y guitarrista Midge Ure, quien supo imprimir carácter al grupo, haciendo un sonido próximo al tecno pop y a los newromantics, que empezaban a ser la referencia de los nuevos grupos que empezaban con ilusión la nueva década. 

También fue decisiva la entrada de otro miembro nuevo, Billy Currie, un habilidoso teclista que manejaba muy bien los sintetizadores y que había tenido contacto ya con Midge Ure en un  proyecto musical llamado “Visage” del que ya he hablado en una publicación anterior hace unas semanas. Visage tenía una orientación mucho más alineada con la música electrónica, de modo que la idea de los dos nuevos miembros del grupo fue potenciar el sonido de sintetizadores, llevando a Ultravox a un estilo tecno de enorme elegancia y buen gusto, razón por la que a su vez, se les considera también plenamente pertenecientes al movimiento neorromántico. Es con este nuevo estilo con el que Ultravox realizó sus mejores trabajos, triunfó y alcanzó el éxito que se le había negado anteriormente.

En 1980 publican el álbum "Vienna", un disco antológico y que es una auténtica joya que he escuchado ahora, sorprende por la frescura, la inspiración y el talento que derrochan todas las canciones. Con él obtienen una merecida reputación de un grupo que compone  música sofisticada y con mucha clase. 

El disco entero es francamente bueno, aunque si hay una canción que sobresale sobre las demás, ésa es sin duda la canción que da título al disco, "Vienna" que pasa por ser no solo su mejor canción, sino por una de las grandes piezas de todos los 80. Un tema con una inequívoca vocación poética, muy evocador y de un gusto exquisito, que está acompañada con una magnífica letra y en la que destaca la magnífica voz de Midge Ure y esa atmósfera romántica y decadente muy lograda por la orquestación a base de los sintetizadores de Billy Currie, quien combina magistralmente sonidos acústicos y electrónicos, para crear efectos de contrapunto de una extraordinaria belleza. En general toda la canción tiene unos arreglos impecables. Todo un clásico memorable e imprescindible. 


Otra obra maestra sublime, es la desgarradora y apocalíptica "Dancing with tears in my eyes", perteneciente a su álbum "Lament" de 1984, un disco que aunque es inferior a Vienna mantiene un nivel muy elevado y en el que Ultravox se decantó claramente por el sonido tecno pop. 

Es una canción tan buena que tengo que decir que a veces creo que está al mismo nivel de "Vienna". El tema describe con grandes dosis de intensidad melódica, una situación catastrófica, diríamos casi más un cataclismo, producido por un fallo en una planta nuclear. Nuevamente el binomio entre la voz de Midge Ure y  los sintetizadores de Billy Currie, funciona a la perfección y logran magistralmente transmitirnos una sensación de desesperanza, ante un final trágico e inminente para la humanidad. Un tema en definitiva que pone los pelos de punta, no solo por la cuestión que aborda, sino por la forma en que lo aborda. 

Eso es en definitiva lo que define a una obra de arte de calidad, la maestría de sus autores para comunicarnos un sentimiento o una idea que nos emocione  y esto es algo que Ultravox consigue ampliamente con esta bellísima canción. Y es que el arte es forma, la forma más pura y bella que es capaz de realizar el ser humano y si algo ha caracterizado Ultravox, ha sido siempre su interés y su preocupación por dotar de un gran valor artístico a todas sus canciones. Enorme grupo y enorme canción . 



Nacho Díez 

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