martes, 30 de septiembre de 2025

Bob Dylan 3.ª parte. El Hombre Tranquilo

Tercera y última entrega dedicada al gran Bob Dylan, en la que voy a a abordar los últimos tres álbumes que publicó en la década de los '60, caracterizados por pertenecer a dos períodos muy diferenciados, hasta el punto de que no tienen nada que ver entre sí, como veremos a continuación. El primero, es "Blonde on Blonde", uno de sus álbumes más emblemáticos, perteneciente a la etapa eléctrica, junto con "Bringing It all Back Home" y "Highway 61 Revisited", ambos analizados en la entrada anterior, que te recomiendo que la visites, para así tener una mejor comprensión de lo que voy a contar a continuación.

Los otros dos álbumes que vamos a ver, pertenecen a un período decisivo en la vida personal y artística de Dylan muy, que vamos a analizar en profundidad y que dieron como resultado un estilo completamente diferente, con respecto de su precedentes de la trilogía eléctrica. Son discos mucho más intimistas, y amables, sin grandes alardes intelectuales, con una clara vocación de hacer obras cuidadas, casi de artesanía, pero a la vez sencillas, sin grandes arreglos, muy auténticas. Se trata de "John Wesley Harding" y "Nashville skyline", dos trabajos con los que Bob Dylan demuestra que no es solamente un artista prolífico, capaz de brillar en cualquier género, sino un músico que hace lo que quiere, cuando quiere y por lo que quiere, algo que solamente está al alcance de los grandes genios.

Habíamos dejado a Dylan en plena forma, en una estado de inspiración fabuloso, que le sirvió para estar en lo más alto de la historia de la música popular, y también con esa polémica, pero acertadísima mutación eléctrica, que le llevó incluso a inaugurar un nuevo subgénero, el del folk rock.

"Blonde on Blonde", sigue la estela de esas dos obras memorables que le precedieron, sin desmerecer de ellas en lo más mínimo, si acaso y teniendo en cuenta que se trata de un disco doble, (uno de los primeros de la historia por cierto), yo diría que no solo es un espléndido álbum, sino que es un regalo, un auténtico privilegio y un lujo para el admirador y seguidor de Dylan. 

La banda que en esta ocasión acompañó a Dylan fue diferente de la que tuvo en sus otros dos discos eléctricos, fundamentalmente porque el guitarrista Mike Bloomfield, decidió no seguir con él y por tanto tuvo que recurrir y contactar con un grupo de origen canadiense, The Hawks, que con el tiempo cambiaron su nombre a "The Band", un grupo mítico, entrañable y magnífico, que posteriormente se convirtieron en grandes colaboradores y amigos de Dylan y con los que hizo excelentes grabaciones. De los miembros pertenecientes a The Hawks, contó con el gran Robbie Robertson y con Rick Danko, músicos que hicieron historia con Bob Dylan, sobre todo la década de los 70. Al piano continuó por Paul Griffin y al órgano el incombustible Al Kooper. 

Y sin más preámbulos, intentaré hacer el análisis más resumido posible de un disco doble en el que prácticamente todas las canciones son piezas imprescindibles. En este sentido os emplazo a que lo escuchéis por entero y disfrutéis de él. Yo solamente voy a aportar pequeñas pinceladas a las canciones que más me gustan y que considero además que se encuentran, entre lo mejor de la producción Dylaniana. 

Eso sí, antes de comenzar, advertiros que la primera canción del disco, "Rainy Day women #12&35", no es representativa del estilo general del álbum. Un tema, por cierto con una letra que a mí me encanta y que parece aludir claramente a la marihuana, aunque también hay bastante crítica social. Bien parece algún tipo de divertimento, que sirviera de antesala al resto de la intensidad que posee el disco.

Hecha esta salvedad, voy a comenzar con, "Visions of Johanna", que pasa por ser, uno de los grandes clásicos dylanianos, considerados incluso por muchos, unos de sus temas más excelsos, y con un texto de la más alta calidad literaria. Se trata de un tema bastante enigmático,la verdad como casi todos los que hace Dylan. Interpretar las letras de Bob Dylan no es tarea fácil y más teniendo en cuenta que cuando se le preguntaba por el sentido de las canciones, acostumbraba a responder con evasivas y diciendo que en realidad no tenían ningún sentido, cuestión que evidentemente no es cierta. Una interpretación sencilla de la canción, sería que nos está hablando de su ruptura con Joan Baez, quien sería Johanna, pero esas visiones, para otros, son una metáfora sobre las drogas o sobre la soledad, aunque lo más probable es que en realidad sea una mezcla de ambas posibilidades. Lo que es indudable, es que una letra de una calidad literaria excepcional para una canción de Rock, que desprende de forma magistral, una sensación de desamparo y vacío. Sea como fuere, "Visions of Johanna", es un tema redondo, impecablemente construido y bastante movido, con ese arranque lírico de la armónica, que da paso a los acordes de la guitarra de Dylan, que se verán acompañados a lo largo de toda la canción por una precisa base rítmica y por el piano siempre oportuno de Paul Griffin. 


Pero es que la canción que la sigue, es otro de los platos fuertes, no solo del disco, sino probablemente también de la discografía de Dylan, "One of us must Know (Sooner of later)", es una canción hermosísima que me recuerda muchísimo a mi infancia. Es Dylan en estado puro, componiendo una de esas canciones, que nadie puede hacer más que él y que nadie puede imitar, con esa manera de alargar la voz al final de cada estrofa, muchas veces como un gemido. La canción parece lamentarse de algún antiguo error cometido con una amante, que le llevó a perder su amor y en la que el protagonista musical es el piano absolutamente maravilloso, muy bien secundado por el sonido mágico del órgano de Al Kooper.



Y seguido otro corte extraordinario más, "I want you", que se debe traducir no como te quiero, sino como te deseo. Una canción de amor carnal sensual, muy pegadiza y de tempo muy rápido, con una instrumentación muy rica y variada, que incluye una flauta, en la melodía principal, cosa nada habitual en Dylan. Por otra parte, recomiendo vivamente escuchar una versión que hizo en 1978 en su álbum en vivo, "At Budokan", en la que solamente está él, tocando levemente una guitarra eléctrica y de fondo una flauta también, que francamente pone los pelos de punta, y en la que Dylan llega a realizar la maestría de convertir una canción, en todo lo contrario de lo que era, de ser casi frenética y con una variada instrumentación, a ser una balada lenta con solo dos instrumentos y su voz. Voy a poner las dos versiones para que pueda verse el contraste y disfruta de ambas. 




Y de aquí saltamos al último corte de la cara  B, del primer disco, "Just Like a woman", una de sus baladas más aclamadas, que posee por derecho propio también el estatus de obra maestra. Aunque no exenta de polémica pues en su momento, fue clasificada de misógina. La canción no es en absoluto, una canción que tengan tintes sexistas, simplemente está hablando de una muchacha joven, demasiado joven para un prematuro despertar sexual. No creo que sea una canción timorata, sino que entre líneas se está refiriendo muy posiblemente a esas chicas que proliferaron en aquellos años, a las que se llamó Groupies y de las que Dylan tuvo que conocer muchas. Casi seguro que a alguna de ellas va dedicada la canción. Es de cualquier modo una balada de gran belleza, en la que sobresale a lo largo de todo el tema, el órgano Hammond sensacional de Al Kooper. 

La siguiente canción que quiero analizar es absolutamente una de las más bonitas de Bob Dylan, "Fourth Time Around"  la cual desgraciadamente, también se ha visto envuelta en una controversia, pues hay quien piensa erróneamente desde luego, que la melodía es una copia de la canción de los Beatles "Norwegian Wood" o viceversa que, fueron los Beatles los que tomaron de Dylan la idea para su canción. Si tengo que dar mi opinión, creo que nadie copió a nadie, tal vez son canciones que a lo mejor tienen algún aire parecido, pero la verdad es que poco más. Hay gente que se divierte con estas cosas, que si Lennon se enfadó con Dylan, que si Dylan se enfadó con Lennon... cuando la verdad, es que lo único que sabemos es que ambos se admiraban mutuamente. El caso es que es un temazo impresionante con una melodía preciosa y a mí me suena muy, pero muy dylaniana, sobre todo al periodo acústico de sus primeros discos y no me extrañaría que fuera una composición antigua de aquella época. 



Para finalizar, la última canción que quiero destacar de "Blonde on Blonde", es un tema que ocupa todo la cara B del segundo disco y que lleva por nombre, ni más ni menos que "Dama de los ojos tristes de las tierras bajas", en inglés, "Sad eyed lady of the lowlands", una pieza de casi doce minutos de duración, que no gusta a todo el mundo precisamente por ser demasiado larga y porque muchos consideran que es algo monótona, pues su estructura sencilla, se repite sin apenas contrastes, sin embargo, para mi gusto, se trata de una canción absolutamente bellísima. Es otro tema acústico, una balada muy hermosa llena de sentimiento, y que vuelve a remitir a la nostalgia y a la pérdida, de una forma muy delicada, con una letra preciosa, al alcance de muy pocos. Algunos interpretan que la canción está dedicada a su reciente esposa, Sara Lownds, basándose en que la última palabra del título, efectivamente recuerda mucho al apellido de su mujer. 

Hasta aquí, los temas que más me gustan del disco, el resto son canciones de blues casi todas ellas excelentes, de las que resultan imprescindibles de oír para mi gusto, "Pledging muy time", Inside of mobile blues again", en opinión de muchos uno de sus mejores piezas de blues, y de la que Kiko Veneno, por cierto hizo una versión muy famosa, en los 90. "Leopard skin pill box pat" y "Most likely you go your way", canciones todas ellas que demuestran el talento y el feeling, que tiene Dylan para hacer Blues.

Tras la publicación de "Blonde on Blonde", se produjeron una serie de circunstancias que desembocaron en un giro decisivo en la vida personal y artística de Dylan. Poco importaba que estuviera en la más absoluta cresta de la ola, Dylan estaba agotado. El profeta, el héroe de la contracultura, no era más que un hombre como los demás, y no podía más, había llegado a su límite. Él mismo fue su propio desmitificador, él mismo fue quien destrozó el mito y al profeta.

Repasemos estos sucesos para analizar posteriormente los últimos tres años creativos de Dylan, en la década de los '60. 

Ya sabemos que tenía muchos problemas con la prensa de la que se zafaba con sarcasmo, y con una parte del público que no había superado su cambio de estilo y había tomado la costumbre de abuchearle en los conciertos. Todo esto no fue nada agradable para Bob Dylan, que nunca quiso que esto sucediera y por ello adoptó una postura defensiva y a la vez agresiva, pues al fin y al cabo lo único que pretendía era ser un músico que hacía canciones que gustaran al público y que fueran lo mejor posibles, por supuesto con un mensaje y con una calidad indiscutible en sus letras, pero nunca convertirse en un gurú o en un salvador y mucho menos un mesías que es lo que estaban haciendo con él desde que empezó a tener éxito. Lo que pretendía ahora es que le dejaran tranquilo y poder componer, cosa que no le era casi posible por la persecución a la que se veía sometido, la cual llegó a tal extremo, que incluso tuvo que denunciar casos de intentos de asalto a su casa por seguidores, cuando ya estaba casado y con su hijo Jesse, recién nacido. En buena medida, la ayuda de muchos de sus amigos y colaboradores fue fundamental, para superar poco a poco en cierto modo esta situación. 

En el terreno sentimental en 1965, y una vez superado sus amoríos con Joan Báez, Dylan contrajo matrimonio en secreto con una modelo de nombre Sara Lownds, que a la postre sería probablemente la mujer de su vida, madre de sus cuatro hijos y con la que estuvo casada doce años. Esta estabilidad emocional trajo mucha paz a la agitada vida de Dylan y fue fundamental para entender los dos discos posteriores a "Blonde on Blonde".

Pero el cansancio de Dylan también era verdaderamente físico, se encontraba absolutamente agotado por las giras y la actividad incesante en el que se encontraba, de la que destaca, su participación en un documental de D.A. Pennebaker, y la escritura de un libro de prosa experimental, muy al estilo de sus amigos de la Beat Generation, que tituló "Tarántula".

Finalmente sucedió un acontecimiento definitivo, por su gravedad, que fue un accidente de moto ocurrido, en el verano de 1966, cerca de su casa. Aunque también existe mucho misterio alrededor de este desgraciado suceso, pues no hay constancia de partes de ingreso en ningún hospital, ni se le conoce tratamiento alguno, pero el caso es que no se supo nada de él en casi un año. Incluso hay quienes opinan que quizás fue algo que se inventó para escapar de toda la presión a la que estaba sometido y poder reflexionar tranquilo sobre su futuro. Yo sin llegar a tanto, creo que efectivamente Bob Dylan pudo utilizar el accidente para desaparecer un tiempo pero que, en realidad sí que ocurrió, y que prefirió probablemente recuperarse en su casa, para también así alejarse de la prensa y de los fans, que hubieran posiblemente importunado su convalecencia. En fin, que ni siquiera quiso pasar por un hospital, lo cual por otra parte indica que el accidente, tampoco tuvo que ser tan grave. Hay que tener en cuenta que después de este periodo y de este año tremendo de 1967, Bob Dylan no volvió a pisar un escenario hasta después de diez años, excepto en contadas apariciones, como por ejemplo en el homenaje que se hizo con motivo del fallecimiento de Woody Guthrie.

Una vez restablecido de su accidente, y de un período de reflexión, desde el punto de vista artístico, Bob Dylan, se volvió mucho más intimista y decidió regresar a sus orígenes judíos y bíblicos, así como a su arraigo en el folklore y tradición de EEUU.

Tal fue el cambio que se operó en la forma de vivir la vida de Dylan, que ésta se hizo mucho más hogareña y familiar, incluso buena parte de su tiempo, la dedicaba a estar con sus amigos con su familia y no solamente a componer sino también a una aficción que nunca ha dejado, que es la pintura.

En otras palabras, si con él llegó el escándalo, con él también llegó la calma. Hasta tal punto que después de la frenética actividad artística que tuvo en los años anteriores, se pasó algo más de un año prácticamente desaparecido y sin publicar absolutamente nada de música. El profeta que había encandilado la juventud de los sesenta se había esfumado, pero eso sí, dejando un rastro y una huella que todo el mundo imitaba y admiraba. Pero dónde estaba Dylan?

Pues como digo estaba en su casa con su familia y sus amigos, entre los que se encontraban, los miembros de la mítica agrupación "The  Band", con los que estaba creando la música que iba a hacer en sus próximos dos discos. 

El primero de ellos  fue "John Wesley Harding", que salió a la venta en 1968 y que dejó absolutamente desconcertado a todo el mundo. Ni rastro del Dylan combativo, visionario e incluso apocalíptico, ni rastro de la canción protesta. Había decidido regresar a lo que siempre quiso hacer, ser un trovador en la más pura tradición de la música de su país. "John Wesley Harding", es un álbum casi bucólico que transmite serenidad y estabilidad, ésa que la había aportado su matrimonio y su familia y su alejamiento de la fama. 

Musicalmente es un disco totalmente folk, casi acústico, de canciones sencillas y serenas, ya no tan largas ni mucho menos sino en realidad cortas, muchas de ellas de estilo Country, en el que nos habla de los años épicos de los colonos y pioneros que formaron Estados Unidos, también nos habla de su paisaje, de sus montañas, de sus cielos, y con un aspecto que va a ser definitorio de esta nueva etapa que aunque ya había tenido algún precedente en sus obras anteriores, es ahora cuando se hace muy presente, estoy hablando de las numerosas citas y referencias bíblicas, que aparecerán en el disco. 

En medio de la fiebre por los psicodelia o del Blues rock, que empezaba a pegar fuerte, Bob Dylan se aleja completamente de todo lo que se estaba haciendo en esos momentos en el panorama musical, y hace un disco de country. Y sin embargo en realidad Dylan, no había cambiado tanto, porque quién es John Wesley Harding?, pues ni más ni menos que un foragido, muy al estilo de Billy el niño. Por cierto que años más tarde, compuso la banda sonora de la magnífica película de Sam Peckinpah, "Pat Garret y Billy el niño", dejando bien claro el interés que tenía por este tipo de justicieros implacables, pero de buen corazón. En definitiva un Robbin Hood del siglo XIX, un personaje legendario, violento, pero que lo fue para defender la justicia y a los desfavorecidos. Volvemos a ver al Dylan preocupado por los perdedores, marginados y olvidados de la sociedad. En realidad este había sido siempre su gran preocupación. La cara B del sueño americano. 

"John Wesley Harding", es un buen disco, un gran disco, que tal vez  no está a la altura de todo lo que había hecho anteriormente, porque eso es muy difícil, pero hay que reconocer que mantiene un nivel muy alto, aunque sea con otros parámetros totalmente distintos, pues ni siquiera se parece a sus primeros discos de folk. 

Para hacer el álbum, Bob Dylan, se trasladó a Tennessee, al corazón del Country, concretamente a la ciudad de Nashville, donde contrató a dos músicos de sesión, tan solo un bajo y una batería, que funcionó como una base rítmica, a tono con la tranquilidad en la que se encuentra y se envuelve el disco. Sería el propio Bob Dylan, quien acompañara ciertos temas con el piano algunas ocasiones. 

Del álbum es obligado destacar, un tema espléndido, "All along the watchtower",  para mí uno de los más grandes de Bob Dylan, que popularizó Jimi Hendrix, aunque yo siempre he preferido la versión de Dylan, la cual vuelve a la temática apocalíptica, visionaria, pero en este caso marcadamente enigmática, basada en parte en el libro de Isaías. La canción se articula en torno a dos personajes, un bufón y un ladrón, que podrían representar a las figuras bíblicas de Satanás y el Anticristo.  Desde el punto de vista musical lo que más me gusta es su ritmo endiablado, una obra maestra y además la canción que más ha interpretado en la historia de sus conciertos. La verdad es que es un temazo, insisto para mí una de las grandes canciones de Dylan. 


El corte siguiente, es  otro de los temas que más me gustan del disco, "The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest", que narra con ese espíritu burlón que a veces saca Dylan, la historia de dos amigos, que dejan de serlo por un problema de dinero. Una fantástica balada folk divertida, una composición impecable, pero no exenta de una enseñanza moral, por medio como no de una parábola. De esta canción tomó su nombre la banda de heavy, Judas Priest. 

Del resto de canciones que más me gustan, destaco  la que da título al disco, "John Wesley Hardin", que tiene un aire sobre todo en los primeros compases muy parecido a "Mr. Tambourine man", y una hermosísima balada country, de corte social muy de actualidad que habla sobre la inmigración, en la que Dylan se solidariza con las dificultades de los inmigrantes. "I Pity the poor immigrant".

El resumen, "John Wesley Hardin" es un álbum espléndido muy agradable de escuchar, en el que Dylan no abandona ni sus inquietudes, ni sus obsesiones, pero en el que se encuentra muchísimo más equilibrado, circunstancias que hace que el disco sea tan especial y tan distinto a todo lo anterior. 

Y llego al final de este recorrido que ha supuesto para mí un antiguo placer por la obra de Dylan a lo largo de la década de los '60, es decir entre los años que le vieron convertirse en una estrella primero del folk y luego del Rock, con el análisis del disco publicado en 1969, "Nashville Skyline", algo más de un año después que "John Wesley Hardin", lo que denota ya la tranquilidad con la que se tomaba las cosas Bob Dylan en esos momentos. 

"Nashville Skyline" es una obra quizá algo menor que su precedente en mi opinión, pero también tiene una elevada calidad. Mantiene ciertas similitudes con su predecesor, como el hecho de contar con prácticamente los mismos músicos de sesión, así como el tono sereno e incluso feliz del disco.

Uno de los aspectos más destacados es que es sin duda uno de los menos comprometidos y más ligeros intelectualmente de toda la carrera de Dylan. "Nashville Skyline", es un álbum de canciones tranquilas, sin muchas pretensiones y cuyo único objetivo no parece ser otro que el de hacer una música agradable de escuchar. Todo esto es realmente inusitado en Dylan, incluso prácticamente durante el resto de su trayectoria. Además a lo largo de todo el LP se respira un aire de felicidad, alejado de esos discursos satíricos críticos o proféticos. Y es que en ocasiones la portada un disco es el espejo del disco, el fiel reflejo del estado de ánimo de su autor y en esta ocasión vemos a un Dylan sonriente, relajado, feliz, como nunca más se volverá a ver una portada de otro disco suyo.

Lo que parece claro es que Dylan quería marcar distancias con su pasado y para ello se decide a hacer algo completamente nuevo y de hecho lo consiguió y de ahí el gran mérito de este disco, entre otras cosas porque no es fácil cambiar tan radicalmente de estilo y sin embargo conseguir una obra tan apreciable como "Nashville skyline". No obstante el factor más llamativo del álbum sin duda es la voz de Dylan, la cual sufrió un cambio considerable por decisión propia. Con ánimo de hacer que el disco efectivamente sonara lo más posible a la música tradicional americana, quiso también llevar su voz a la de los registros de los crooners clásicos, Elvis Presley o Bing Crosby. Si bien Bob Dylan contaba con la voz de barítono necesaria para ello, estaba bastante alejado de esa tonalidad melosa que tienen los crooners. En cualquier caso el resultado fue bastante satisfactorio. Para conseguir tener una voz más parecida a la del crooner, Bob Dylan tomó una decisión curiosa y tajante, como fue la de dejar de fumar durante seis meses, para lograr pulir su voz y eliminar su particular tono rasgado, debido entre otras cosas al tabaquismo.

El disco se abre con una versión de su maravillosa balada "Girl from the north country", a la cual ya me referí y de la que puse además el enlace, en el primer capítulo que dediqué a Dylan, y es que es una de sus baladas de amor más hermosas y conmovedoras. En esta ocasión, le acompaña su íntimo, gran amigo y monstruo del country y el Rock and Roll, Johny Cash. Inmejorable carta de presentación para el disco, que continúa con el tema homónimo del álbum, que es un desenfadado instrumental country. 

Del resto de temas, merece la pena, escuchar la excelente compenetración entre la voz de Dylan y el órgano de Al Kooper en "I threw It All away", y las más animadas, pegadizas y cercanas al Rock and Roll como son "Tell me that It isn't true" y la socarrona "Country Pie", 

Lo que está fuera de todo duda por lo menos para mí es que el mejor tema de "Nashville skyline" es esa balada exquisita, sofisticada, elegante, uno de sus clásicos más versionados y exitosos, en cuya sencillez, yo creo que está la clave de su calidad, "Lay lady lay". Particularmente me parece un tema exquisito, en la que Dylan se demuestra a sí mismo que para hacer canciones de amor, no es necesario componer piezas de diez minutos o letras excesivamente barrocas, basta con usar los clichés habituales de las canciones de amor y eso lo digo yo, tener su talento, claro.




Y hasta aquí el análisis del impresionante itinerario de Bob Dylan en los años sesenta. El profeta, el trovador, el visionario, el poeta, el místico, el bíblico y el  músico del que (espero no se haya notado demasiado) soy fan absoluto.


Nacho Díez 


martes, 16 de septiembre de 2025

Bob Dylan 2º Parte. La electrificación de Dylan

Con este segundo capítulo dedicado a Bob Dylan, voy a adentrarme en una de las etapas más gloriosas del genio de Minnesota, y desde luego la más decisiva e influyente para el devenir de la historia del Rock, pues cambiaría definitivamente el rumbo de la música popular. Se trata de dos álbumes y un solo año, 1965. Más allá de la calidad musical que atesoran ambos discos, fue la difícil e incomprendida decisión de Dylan de acercarse al Rock'n'Roll y alejarse definitivamente del folk más tradicional, la razón por la que estos años cobran tanta trascendencia. 

Los críticos han llamado esta etapa, "la controversia eléctrica de Dylan", es decir el momento en el que electrifica su sonido y lleva tanto a sus clásicos como a sus nuevas composiciones, al ámbito del Rock. Aunque ahora resulte un tanto incomprensible, en perspectiva histórica, hay que comprender que Dylan con tan solo cuatro discos, se había convertido ya en un fenómeno extraordinario del folk, lo que provocó que su decisión no fuera aceptada tanto por crítica, como por prensa y seguidores, que no entendieron ese giro sustancial en su estilo de hacer música.

Visto ahora, cualquiera puede darse cuenta que tampoco fue tan terrible y que desde luego nadie puede dudar que fue un avance y una mejoría increíble, tanto en la calidad de las composiciones, como en el sonido, y por encima de cualquier cosa, por haber servido para aumentar su leyenda de un artista completo y como un auténtico genio de la música. 

Pero en 1965, justo en mitad de esa década convulsa, de profundos cambios, de luces y sombras, de grandes ilusiones y sueños de paz, para construir un mundo mejor, una parte del público más comprometido socialmente, se había refugiado en las letras y el mensaje de las canciones de Dylan, y al modo en que las transmitía. Todo eso estaba muy bien pero, detrás de ello, también había mucha manipulación y mucho intento de hacer de Bob Dylan un gurú de la contracultura, con el conseguido riesgo y peligro de mesianismo, que esto conlleva. La entronización y la idealización de un artista, y muy joven además, nunca trae nada bueno, y normalmente consigue los efectos contrarios, es decir, denostar al más mínimo error o decisión comprometida, a esa figura y al movimiento alternativo que representa, como al final así fue. Esto es algo que iba a pasar, desde el momento en que se le convirtió en un ídolo de masas, era cuestión de tiempo que ocurriera y daba igual la decisión que hubiera tomado.

Bob Dylan no solamente lo sabía, sino que no tenía ningún interés en estar, ni en colaborar con todo eso, pero es que además y ya lo señalé en la entrada anterior, Dylan ya en esos momentos superaba su faceta de cantautor protesta únicamente vinculado al movimiento folk, y empezaba también a tener contactos muy fértiles con la poesía y con la literatura vanguardista. 

Desde otro punto de vista y por un simple razonamiento práctico, Dylan advirtió cuando escuchó a los Beatles en su viaje por Europa, que debía incorporarse él también, al sonido potente, enérgico y directo del Rock'nRoll, porque consideraba que era un medio mucho más idóneo para transmitir su arte y sus ideas. De manera que finalmente dio el paso y fue abandonando el folk más clásico, aunque también es cierto que, nunca lo dejó completamente. Además, se da la circunstancia, de que con su conversión eléctrica, Dylan dio carta de presentación a un nuevo género musical, que aunque había dado sus primeros pasos titubeantes con otros artistas, no se había conformado todavía. Me estoy refiriendo evidentemente al género mixto "Folk rock", un estilo que luego ha tenido un desarrollo muy extenso. Todo esto confirma evidentemente, que su decisión fue un acierto artístico inapelable.

Con esto cierro todo la controversia respecto a la decisión de Bob Dylan de pasarse al Rock y entro en el análisis de los dos álbumes memorables que grabó en 1965, "Bringing it all back home" y "Highway 61 Revisited", los cuales son tan monumentales, que se merecerían cada uno de ellos, una sola entrada en el blog.

Voy a comenzar con el primero de ellos, "Bringing it all back home", al que podemos calificar como una indiscutible obra maestra, que ha entrado por derecho propio, en el ámbito de la leyenda.

Antes de analizar el álbum, quisiera hacer mención de la excelente portada del disco, vanguardista, original, brillantemente y sin precedentes hasta ese momento en la historia del Rock. Realizada por el fotógrafo, Daniel Kramer, muestra bajo un objetivo borroso circular, en lo que parece una cara alusión a la expresión "los anillos en mi mente", de la letra de "Mr.Tambourine man", un primer plano de Dylan, sentado sobre un diván, con una mirada desafiante, que sujeta un gato entre sus manos. Sobre el diván, hay varios vinilos de músicos de blues y de folk. En segundo plano podemos ver a la esposa del manager de Dylan, Albert Grossman, fumando un cigarrillo en una posición provocativa. Hay muchos más elementos, pero baste con destacar estos, la portada es impresionante para la época y aún hoy, se la puede considerar una magnífica portada.


Portada del álbum " Bringing It all Back Home"

"Bringing It all Back Home" no solo ha pasado a la historia por ser una excelente obra, sino porque fue el álbum que vio como Dylan convertía su imagen en la de un auténtico beatnik y por ser el que inició la discordia que generó la controversia eléctrica de Dylan, rompiendo, aunque no tan drásticamente como se dice, con la canción protesta. En realidad, más bien yo diría al respecto, que lo que hizo fue cambiar la forma de hacer crítica social. 

El Lp ha superado todo tipo adversidades, hasta la más difícil, que siempre es la prueba del tiempo. A día de hoy es un álbum fabuloso, en el que todas las canciones están a un nivel elevadísimo. Para lograr esto, Bob Dylan fusionó lo que había asimilado de su viaje por Europa, es decir el sonido de los Rolling y los Beatles, con sus ya previos conocimientos y experiencia con el blues, que hasta entonces había tocado únicamente de forma acústica, todo ello aderezado con su peculiar estilo discursivo y su voz nasal y a la vez rasgada de barítono, tan particular. Con ello, creó como he indicado, el Folk rock como género y algo mucho más personal, que es un estilo que el propio Dylan describió, como de "delgado y salvaje sonido del mercurio", producto de la experimentación con la sonoridad eléctrica, a la que aportó una tonalidad fría, cruda y estridente, generado gracias al acoplamiento entre las guitarras eléctricas, el piano y el timbre de voz de Dylan. Es como si hubiera decidido electrificarse pero verdaderamente, es decir generar un sonido esencialmente metálico, que lo que pretendía era transmitir deliberadamente, que no estábamos ya ante ningún sonido acústico natural. 

Verdaderamente lo que se estaba haciendo y grabando en este álbum era tan novedoso, que nadie sabía cómo iba a quedar al final, según han contado en varias ocasiones, los músicos y técnicos que intervinieron en la grabación. 

Este es uno de las motivos por las que voy a compartir todo el disco completo y no canciones particulares, porque creo que todas ellas son imprescindibles. Luego desarrollaré los temas que me parecen más destacables. 


El Lp se abre con un tema histórico "Subterranean Homesick Blues", que lo es por muchos motivos, primero porque es soberbio en sí mismo, una canción en la que se puede vislumbrar perfectamente ese sonido mercurial y esa fuerza eléctrica en forma de blues, que sería uno de los signos distintivos del nuevo estilo de Dylan. Pero también es una canción que ha pasado la historia por su sensacional vídeo, absolutamente renovador y que ha sido imitado hasta la saciedad, lo que le dota de una modernidad admirable. Voy a poner la canción con el vídeo, porque la verdad es que merece la pena verlo. 

Le sigue un blues un poquito más relajado pero muy elegante, con una letra de amor con tintes surrealistas, intencionadamente oscura porque probablemente esté dedicada a Joan Baez. "She belongs to me".

Otra pieza fundamental que jalona esta nueva trayectoria dylaniana, es otro gran blues, "Maggie's Farm", divertida, pegadiza y con una letra atrevida y satírica que se burla de la superficialidad de la sociedad estadounidense.

El siguiente corte es una obra maestra como la copa de un pino. "Love minus zero/No limit" es uno de los primeros hitos que marcaron esa fusión entre el folk y el rock. Es como sucede con muchas canciones de Dylan, un poema crepuscular de amor, cantado que transmite tristeza y resignación, escrito e interpretado con una gran maestría, sin duda con Dylan en estado de gracia. 

La cara A, se cierra con otros dos fabulosos Blues, con los que Bob Dylan demuestra que ese es el terreno en el que mejor se mueve, desde el punto de vista eléctrico. No se puede pasar por alto que, él siempre ha sido un gran músico de blues, desde sus inicios cuando se fue a Nueva York y se ganó la vida tocando en locales. También en su época folk, incluyó piezas de Blues, lo que pasa es que eran acústicas, con el mérito que esto conlleva. 

La cara B contiene cuatro canciones, todas ellas obras maestras absolutas, de la cuales, para mí dos de ellas, se encuentran además, entre las mejores composiciones de toda su carrera. Se trata de "Mr. Tambourine man" y de "It's all over now, baby blue"

"Mr. Tambourine man", de todos es sabidos que es uno de los temas más legendarios de Dylan, uno de sus grandes himnos, que curiosamente, después de todo el Rock "mercurial" que desplegó en la cara A, se configura, como una impresionante balada folk, al más puro estilo de su época dorada acústica. Es una canción de un lirismo muy notable, con metáforas extraordinarias, que en ocasiones hace claras alusiones a las efectos del LSD. "Mr. Tambourine man", hace un homenaje emotivo al músico callejero y vagabundo, al que el propio Dylan le pide que cante una canción para él, en un ejercicio de humildad inusual en una gran estrella ya de la música, que se rinde ante la sencillez y verdad, del músico que se se tiene que ganar la vida día a día. 

La otra pieza que me parece una de las grandes obras maestras de Dylan es también de corte claramente folk, y es una bellísima balada, " It's all over now, baby blue", en la que narra una desgarradora despedida, con una melodía nostálgica, que resulta profundamente romántica y evocadora. A mí aún me emociona y me conmueve  el alma cuando la escucho. 

"Gates of eden", es una canción netamente surrealista visionaria y distópica, de reminiscencias bíblicas, para la cual acude por tercera vez al folk puro. Durante todo el tema, Dylan despliega todo su talento literario, por medio de un torrente de imágenes épicas, al servicio de su música. 

Y termino este disco monumental, con la escalofriante "It's all right ma, (I'm only bleeding)", tema impresionante, de corte surrealista, que puede considerarse como la quintaesencia de la canción protesta dylaniana. Lo tiene todo, es un tema estremecedor,  asentado sobre la escritura automática y que como todas las canciones largas, de más de siete minutos, se configura como una letanía, en esta ocasión desgarradora y sin concesiones, rebosante de rabia contenida, en la que no deja títere con cabeza, criticando con tremenda acidez, la hipocresía de la sociedad americana. Es un regreso por tanto a la canción protesta, articulada en torno a una serie de metáforas encendidas, brillantes, y tremendamente irónicas.

En "It's all right ma, (I'm only bleeding)", Dylan recurre al mencionando blues acústico, con un resultado sensacional, porque la canción no pierde absolutamente nada de energía, a pesar de no ser eléctrica.

"Bringing it all back home", fue continuado con otra obra que está considerada también como uno de los álbumes nucleares de Bob Dylan. En el mismo año 1965 sale a la luz "Highway 61 Revisited", en el que se consolida y se afianza definitivamente, el giro que había tomado la carrera de Dylan. El álbum, sigue con esa experimentación sonora, mezcla de su peculiar blues mercurial y el Folk Rock y en el que no falta, ese sentido del humor burlón dylaniano, prácticamente ausente en "Bringing it all back home".

El título del Lp hace referencia a la autopista que comunica la región natal de Dylan, con las ciudades sureñas, en donde surgió precisamente el blues y el jazz, Nueva Orleans, Memphis, Saint Louis, es decir la cuna de la música afroamericana,  que es el auténtico origen del Rock and Roll. 

En otras palabras, "Highway 61 Revisited", es un viaje iniciático, en el que Dylan quiere hacer una especie de regresión, que le conduzca desde sus orígenes personales, a sus orígenes musicales,  conectando al norte y el sur, que simbolizan a su vez, los dos grandes polos, las dos grandes dualidades esenciales de la vida. Es también, un intento de unir, dos realidades desgraciadamente enfrentadas, la negra esclava y la blanca la libre, que muestran el carácter esencialmente contradictorio de los Estados Unidos.

"Highway 61 Revisited", ha copado desde su publicación los puestos más altos en todas las listas de éxitos de ventas y de la crítica de revistas especializadas, que no dudaron un momento en elogiar el álbum, desde el primer instante.

Hay que tener en cuenta que no es para menos, puesto que en él, se encuentra tal vez la que es probablemente la mejor canción de la historia del Rock o por lo menos para muchos entre los que me incluyo, es una de ellas y también por ende tal vez la mejor canción de Dylan, junto con la descomunal "Hurricane". Me estoy refiriendo como no puede ser otro modo, a "Like a Rolling Stone", que a pesar del título, no tiene nada que ver con la gran banda londinense. Pero de ella hablaré un poco más adelante. 

Dylan para hacer este trabajo memorable que es "Highway 61 Revisited", se rodeó de la misma banda de músicos que se complementaron perfectamente en "Bringing it all back home", de los que destacaría a Mike Bloomfield, guitarrista habitual del gran rey de la harmónica, Paul Butterfield, al inspiradísimo pianista Paul Griffin, y sobre todo el magnífico teclista y organista Al Kooper. Juntos hicieron en tan solo en seis días, este magnífico e inolvidable retrato de la década de los 60 .

Con "Highway 61 Revisited", Dylan hizo el más difícil todavía, igualó y tal vez superó, su trabajo previo que acabamos de ver, "Bringing it all back home". Para mí son álbumes que están al mismo nivel, no creo que uno sea superior al otro, son absolutamente obras maestras ambos e igualmente influyentes a partes iguales. 

Aunque si es verdad que "Highway 61 Revisited", supone un paso más en la electrificación del sonido de Dylan,  en el que el folk e incluso el folk rock,  cada vez va teniendo menos protagonismo. 

Del mismo modo que he hecho con "Bringing it all back home", y por las mismas razones, es decir que todas las canciones son imprescindibles, os comparto el álbum completo, porque es que no tiene desperdicio. 


Como el primer corte es "Like a Rolling Stone" y la voy a dejar para el final, el primer tema que voy a analizar es "Tombstone blues", un blues despiadado, que se articula en torno a un torrente de metáforas corrosivas, que reflejan la podredumbre del sistema americano. Destacable la guitarra de Mike Bloomfield, perfectamente acoplada a la fría y cruda dureza de la canción. 

"It Takes a lot to laugh, It Takes a train to cry", es un blues de tiempo lento, con un gran protagonismo del piano acompañado por la rasgada voz de Dylan. El tema aborda con una fina inteligencia, la ingenuidad del ciudadano medio estaudonidense y de cómo va perdiendo todas sus oportunidades, sus trenes y que finalmente, la realidad del país se le escapa delante de sus narices, sin darse cuenta.

Y seguimos con otro gran Blues, "From a Buick 6", que  sigue en la estela de su precedentes, surrealismo, escritura automática, letras que aluden a gente perdida, desesperada, más muerta que viva. 

El corte quinto es uno de los platos fuertes del álbum, "Ballad of a thin man", una de esas letanías largas cantadas, con unas letra magistral, en la que ridiculiza a la sociedad burguesa, acomodada y bien pensante, que está representado por "el Señor Jones", el estrecho de mente, pero obediente al sistema, que cumple con sus obligaciones pero que en cambio, no sabe lo que está pasando realmente a su alrededor. Una dura crítica a lo que hoy llamamos, pensamiento único o corrección política, que profesan las gentes que cultivan flores de plástico para ser algo hay que reconocerse, tal y como dice la canción en de sus momentos más gloriosos. 
Nuevamente nos encontramos ante una pieza de tiempo lento con un importante presencia del piano, que rezuma hastío, cansancio, incluso pena y tristeza. Desde el punto de vista compositivo, destaca el órgano fabuloso de Al Kooper y la voz profunda de Dylan. 
Es absolutamente inolvidable el estribillo de la canción, "But Something is happening and you don't know what It is, Do You Mr Jones? 
En definitiva, "Ballad of a thin Man" es un lamento por la falta de compromiso político, social, moral, de la sociedad americana, pero tal vez, también sea una pequeña venganza, de forma un tanto más críptica, a la hipocresía de los bien pensantes de izquierda, que representaban sus antiguos amigos de su época Folk.

La segunda cara del Lp, comienza con "Queen Jane Approximately" una de esas baladas con un contenido áspero, típicas de Dylan, con una presencia muy destacable del piano rítmico, representada en este caso por una figura femenina, por la reina Jane, es decir la típica niña mimada, que no está preparada lo que se va a enfrentar en la vida. Lo que hay detrás de esta fachada simbólica, de lo que habla nuevamente, es de la sociedad americana y de su infantilismo intelectual y emocional, que como digo representa, la reina Jane, quien por si fuera poco, finalmente tendrá que recurrir a las drogas para soportar sus frustraciones. La historia, realmente está muy en la línea de lo que es "Like a Rolling Stone". No puede haber un retrato más exacto, de lo que era Estados Unidos en aquellos años. 

Ante tanto desasosiego Dylan siempre tiene un contrapunto, que en este álbum viene representada por la canción homónima "Highway 61 Revisited", que da título al disco y que es una parodia surrealista, en la que el elemento central es precisamente ese eje que supone la autopista 61, y que parece que es, dónde va a parar todo lo absurdo de este mundo. 

"Just like Tom Thumb's blues", sigue en esa línea ácida, aunque en esta ocasión más realista y algo sórdida, en la que ofrece una visión destructiva del sueño americano y para la cual se sirve de varias referencias literarias, sobre todo del Malcolm Lowry. La canción es un blues con aires de country, en la que destaca nuevamente el magnífico piano de Paul Griffin, protagonista indiscutible en la línea de acordes.

La última canción del álbum se las trae, es una pieza de casi 11 minutos y medio, una de las canciones más largas de Dylan, aunque las tiene más largas. El título lo dice todo, "Desolation Row", que traducido quiere decir algo así como paseo de la desolación. Un relato articulado en torno la escritura automática, el surrealismo y la visión psicodélica desasosegante que producen las drogas, en el que esculpe una desmitificación caótica, de numerosos personajes que van desfilando por la canción. Tema de difícil interpretación, creo que sólo Dylan sabe lo que quiso decir con ella, aunque podemos aventurarnos a pensar que se está refiriendo entre otras muchas cosas, al sentimiento de soledad e incomprensión en la que vivía sumido Dylan. 
Un tema colosal, con el cual Dylan vuelve una vez más, al Folk, y con ello intensifica el contraste de la melodía suave, dulce, melancólica, enfatizada con esa característica despedida dylaniana con la armónica y la dureza de la letra.

Y por fin, ahora sí termino mi visión del "Highway 61 Revisited", con el análisis de la canción que abre el álbum, pero que he  dejado para el final por su importancia.
"Like a Rolling Stone", figura en varias listas, como la canción más importante e influyente de la historia del Rock. Al menos, desde luego es una de las mejores. Ya he indicado que el título no alude en absoluto para nada a sus colegas y buenos amigos de los Rolling Stones, sino a la traducción literal, que podemos entender como "piedra rodante".
Más allá de todas las impresiones y valoraciones que nos puede producir la canción, lo que yo quiero que transmitir es que es una pieza de rock buenísima, quiero decir, que si no tuviera esa letra tan magnífica, seguiría siendo una canción memorable. Para lograr semejante resultado, no hace falta ni contar con los mejores músicos, ni los mejores arreglos, es necesario eso sí contar con el talento y la inspiración de Bob Dylan, a la hora de hacer una composición de rock, tan perfecta, tan armónica, y por qué no decirlo tan pegadiza, en la que todos los músicos y todos los instrumentos están como tienen que estar, entre los que destaca la base de órgano magistral de Al Kooper y el piano de un Paul Griffin, que hay que reconocer que se sale en todo el disco. Pero lo importante es el perfecto acoplamiento de todos los músicos en torno a la melodía y a la voz inquisitiva de Dylan. 
Como casi todas las canciones de Dylan, la estructura se hace en torno a una serie de estrofas perfectamente definidas que terminan con en estribillo en el que despliega todo lo que nos quiere contar en la canción. En esta ocasión el estribillo es una pregunta, una pregunta que quien la oye por primera vez, ya no la podra olvidar nunca más: 
"How does It feel, how does it fell, to be without a home, like a Rolling Stone?"

Desde el punto de vista musical como digo, para mí es una obra perfecta, pero no menos magistral es la letra. Aunque se mantiene dentro del tono próximo al surrealismo y fuertemente simbólico, que impregna a todo el disco, la letra resulta mucho más inteligible que otras y mucho más directa. En ella orbita constantemente el reproche hacia todos aquellas personas que se muestran insensibles ante el sufrimiento del prójimo, ante el dolor del vagabundo, del que no tiene hogar, del que es como una piedra que rueda, abandonada en el camino. Y lo hace de la forma más dura que se puede hacer, representándolo por una persona que habiéndose mofado de la pobreza del otro, acaba ella misma no teniendo tampoco para comer.
Una crítica feroz a la sociedad acomodada y burguesa americana que da la espalda a todo aquello que le resulta desagradable, pero de lo que no podrá sustraerse, pues más pronto o más tarde, tendrá que enfrentarse a ello. También Dylan golpeó muy fuerte a los políticos, que nunca están cuando se les necesita y dónde se les necesita y para lo que se las necesita. 
En fin yo solamente puedo reproducir un pasaje traducido, desgarrador, impresionante y luego compartir con vosotros la canción para que la podáis escuchar y disfrutar. 
"Decías que no tenías nada que ver con el misterioso vagabundo, pero ahora te das cuenta de que no vende ninguna excusa, cuando penetras en el vacío de sus ojos"
" Ay princesa sobre tu pedestal y todo el mundo bien nacido, bebiendo y creyendo que lo tienen todo hecho....
Hubieras hecho bien en quitarte el anillo de diamantes para empeñarlo, princesa... Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder, ahora eres invisible ya no tienes secretos".



En la próxima entrada y última, en la que voy a abordar el Dylan de los 60, te hablaré de otro disco todavía muy eléctrico y magnífico, "Blonde on Blonde", que conformaría junto a sus dos precedentes, "la trilogía eléctrica" de Dylan, y de dos discos más completamente distintos, que reflejan un cambio que se operó en Dylan a partir de 1967, que provocó un nuevo giro en su carrera y sobre todo, en su relación con la escena musical del momento junto con el circo que la rodea, prensa y el público en general.

No te lo pierdas

Nacho Díez

martes, 2 de septiembre de 2025

Bob Dylan 1ª Parte. Folk y canción protesta

Antes de Bob Dylan y después de Bob Dylan. La música popular del pasado siglo y en especial el folk y el rock conocieron un punto de inflexión, el día que Robert Zimmerman, conocido artísticamente como Bob Dylan, hizo su aparición en el panorama musical de los '60, apuntalandose muy rápidamente, como uno de los artistas más importantes e influyentes de la historia del siglo XX.

Antes de continuar, quiero advertir primero que nada, que tal vez no me resulte fácil ser objetivo en esta serie de entradas que voy a dedicar a Bob Dylan, al que vengo escuchando desde que era niño, razón por la cual más que ser un gran admirador de toda su obra, soy un fan sentimental, así que, procuraré mantener el equilibrio y que no se me note demasiado.

Fue el gran matemático Alfred North Whitehead quien dijo la célebre frase "la historia de la filosofía no es más que una serie de notas al pie de la página de la obra de Platón", pues bien, de forma análoga podemos decir algo parecido respecto de Dylan y es que se podría afirmar sin miedo a equivocarse, que la historia de la música popular desde la década de los 60 o al menos buena parte de ella, no son más que notas al pie de página de la obra de Dylan. Todos los caminos o casi todos llevan a Dylan, aunque su impacto inicialmente se limitara únicamente al ámbito del folk y la canción de autor. 

Hasta su llegada hubo indiscutibles maestros de Jazz, de los que por citar solo dos, destacaría a Duke Ellington o Charlie Parker, lo mismo se puede decir del Blues, quien no recuerda a B.B King o en el R&B, el inigualable Chuck Berry. De todos ellos y en relación a solistas y cantantes quizá el más mediático y quien ha ejercido un mayor influjo es Elvis Presley. A nivel de grupos musicales, la referencia serían los Beatles. Sin embargo si ha habido un músico, que al mismo tiempo fuera un poeta y que haya sido capaz de conectar con los sentimientos de toda una generación, ese es Bob Dylan. De este modo, tenemos la Santísima Trinidad de la música popular y del rock de todos los tiempos: Elvis Presley, The Beatles y Bob Dylan. De estos tres fenómenos sociales, mediáticos, artísticos y musicales, Bob Dylan es la figura más interesante y polifacética en perspectiva intelectual, social y política. Aunque no debemos pasar por alto, que su enorme figura también abarca la de una persona reservada y contradictoria, con múltiples aristas y con una actitud esquiva e incluso en ocasiones arisca con la prensa y con la crítica.

Dicho esto, hacer a estas alturas una semblanza de Robert Zimmerman, es decir de la persona que está detrás de Bob Dylan durante los años de su infancia y juventud, antes de convertirse en un personaje público, puede convertirse en algo redundante, así que voy a referirme únicamente a sus datos biográficos más relevantes. Robert Zimmerman vio su primera luz en el mundo un 24 de mayo del año 1941, en el seno de una familia judía askenazí de origen ucraniano, circunstancia nada menor pues su condición de judío, ha aportado invariablemente a toda su vida y también a su carrera, una gran presencia religiosa y bíblica. Bob Dylan es ante que nada un hombre del libro, pues ha pasado por el judaísmo y el cristianismo, dentro del cual se encuentra en la actualidad ya desde hace varias décadas. Incluso hubo un tiempo en que se sintió atraído por el islam, pero finalmente nunca lo llegó a abrazar. Respecto de su origen judío, es destacable la influencia de su folklore musical en multitud de canciones que se constituyen como auténticas letanías, o visiones apocalípticas. 

Otro dato relevante, es que nació en Minnesota, uno de los estados más fríos y despoblados de EEUU, alejado de cualquier ambiente cultural y artístico relevante, lo que no impidió, que desde que muy joven fuera amante de la música y que pronto se aficionara a escuchar blues y también todo tipo de música tradicional de Estados Unidos, con especial interés por cantantes como Woody Guthrie. La falta de expectativas que había en su tierra natal le hizo emigrar con apenas veinte años a Nueva York en donde se instaló en 1961. Inmediatamente empezará a ganarse la vida tocando blues en bares y locales, en donde llamó la atención de algún crítico musical, circunstancia le que ayudó a firmar un contrato con el sello Columbia ese mismo año. Es entonces cuando cambia su nombre de nacimiento, por el de Bob Dylan, en homenaje al poeta Gales, Dylan Thomas.

Los tiempos en los que debutó e inició su carrera artística fueron tan convulsos y determinantes que aún hoy marcan y marcarán el devenir de la humanidad. Una mente inquieta como la de Dylan no podía quedar al margen de estos acontecimientos que se dieron durante toda la década de los 60 sucesos, de los que fue su mayor intérprete y su más sutil analista. El asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, el mayo del 68, la revolución del amor, las drogas...

Su álbum debut se llama simplemente "Bob Dylan". Como ocurre con casi todos los casos de los grandes artistas de los años 60, apenas contiene canciones compuestas por él, sino que se basa en versiones de clásicos. Lo único reseñable de este primer trabajo es la canción "Song to Woddy", un homenaje a la gran referencia del folk, que tanto admiraba como músico y como persona, el citado Woody Guthrie. Si bien este primer trabajo, no aporta gran cosa de historia discográfica de Dylan, su siguiente obra sí contiene ya unos cuantos temas legendarios. 

En "The Freewheelin' Bob Dylan", encontramos a un Dylan prematuramente maduro, en el que aparece ya el poeta y recitador de versos cantados, una constante que será su seña de identidad a lo largo del resto en su trayectoria musical y artística, porque Dylan en realidad, nunca ha cambiado, siempre ha sido el mismo poeta que hace música, objetivo para cuyo fin pueda valerse de un género u otro, bien sea el Folk, el Blues o el Rock and Roll indistintamente, pero siempre como instrumentos al servicio de sus letras e inquietudes personales.

"The Freewheelin' Bob Dylan", es considerado ampliamente como su mejor disco antes de su etapa eléctrica iniciada en 1965. Por cierto tiene una portada preciosa, que muestra dos jóvenes caminando y abrazados durante el frío invierno neoyorquino, son Dylan y su novia Suze Rotolo en 1962. 

El álbum se abre ni más ni menos que con "Blowin' in the wind" uno de sus temas más archiconocidos e influyentes, una obra maestra de gran belleza, en la que  podemos disfrutar de la profundidad y emoción, de sus grandes temas. "Blowin in the wind" es una composición, en la que tanto en lo referente a la música como a la letra, se muestra inusualmente adulto siendo un artista tan joven, y es que todo en ella la hace ser un clásico indiscutible, tanto por el mensaje, como por la hermosa melodía. 

A partir de este LP, Dylan se entregará por completo a escribir canciones para los desfavorecidos y oprimidos, para los olvidados y marginados y a implicarse en la canción protesta, de la que fue su máximo exponente, volcando todo su talento y toda su energía, al servicio de la crítica social y política, como si de un rapsoda del siglo XX se tratara.

 "The Freewheelin' Bob Dylan" incluye otro gran clásico "A hard rain's a gonna fall" tema muy en la línea apocalíptica dylaniana que reaparecerá en discos posteriores por medio de canciones memorables, caso de "Desolation Row" y tantas otras. En declaraciones en una entrevista, Dylan comentó que la compuso creyendo que sería lo último que iba a hacer en su vida, pues eran los días de la crisis de los misiles, con toda la paranoia nuclear que trajo consigo, de modo que no se guardó nada y soltó en ella todo lo que tenía dentro.

"A Hard rains gonna fall" además es la típica canción extensa de Dylan de 7 intensos minutos en las que declama más que canta y en la que demuestra evidentemente que es un trovador moderno, dotado de una capacidad única para aportar a los temas de de actualidad y políticos, un tono de inigualable lirismo. Sin duda, este disco convirtió a Dylan en un fenómeno mediático y en un artista que lejos de ser uno más del montón, se veía que apuntaba muy alto.

Para ser el segundo disco de Dylan sorprende la cantidad de buenos temas que contiene, como son "Master of wars" que es uno de los mejores alegatos antibelicistas que nunca haya compuesto, y que bien puede considerarse un tema totalmente representativo de la canción protesta. También nos ofrece una preciosa canción de amor "Girl from the north country", que recuerda a otros nostálgicas baladas a las que nos acostumbrará posteriormente mucho Dylan, dedicadas a amores perdidos o antiguas novias.



Pero hay más, "Don't think twice it's all right", es una canción soberbia, que muestra el talento compositivo de Dylan, una de esas canciones que gustan mucho a sus seguidores y que es muy habitual en la repertorio de conciertos, o finalmente "Bob Dylan's dream", que inspiró en parte la famosa y atrevida portada del " Beggars Banquet" de los Rolling Stones, años después.

La imparable actividad de Dylan, le llevó a publicar otro álbum ese mismo año, también dentro de esa órbita de la canción protesta, se trata de "The Times they are a changing" un disco ambicioso, que a pesar de contar precisamente con la canción homónima considerada como uno de los grandes himnos de Dylan, resulta inferior a su precedente e incluso un tanto decepcionante. Eso sí estamos ante el Dylan más combativo y comprometido políticamente, hay que tener en cuenta que, meses antes habían asesinado al presidente Kennedy. Es el tiempo en que participa junto a Joan Báez en el movimiento por los derechos civiles.

Prueba de que el disco no está al nivel esperado, es que con excepción de la primera canción ya aludida "The Times they are a changing" el resto de cortes, no se encuentra ninguna de ellas entre las más habituales de Dylan. El caso es que, no sé si por centrarse demasiado en la faceta de canción protesta, descuidó las melodías, pero la verdad, es que, escuchado hoy, se hace un tanto monótono. A pesar de todo el disco merece la pena aunque solo fuera por la legendaria inolvidable "The Times they are a changing".




Dylan tampoco quedó completamente satisfecho del resultado el disco y se da cuenta de que tiene que cambiar. En estos momentos comienzan sus diferencias con la prensa, la cual tenía puestas unas expectativas en él inamovibles. La crítica quería seguir viéndole como al líder de la canción protesta y del cantautor comprometido socialmente. Pero Dylan era más que eso y no se iba a conformar únicamente con ese rol. No es que quisiera renunciar a su vertiente de músico comprometido, pero empezaba a sentir otras inquietudes artísticas, sobre todo encaminadas hacia la literatura. Poco a poco empieza a no colaborar en las entrevistas que se le hacen, incluso burlándose muchas veces de las tonterías que le preguntaban, danto respuestas absurdas, aunque la verdad muy ingeniosas. 

Como digo Dylan, siempre ha sido un escritor que hace música y resulta difícil de separar, la línea que separa a ambas disciplinas artísticas en su obra, siendo precisamente esto uno de los aspectos más interesantes de la misma. El caso es que se ve muy atraído por poetas del surrealismo o del simbolismo como Rimbaud o Baudeleaire. Todas estas inquietudes, le llevaron a entablar fecundos contactos, con los más grandes autores de la Beat Generation, especialmente con Allen Ginsberg, con quien cultivó una entrañable amistad, desde que se conocieron. En estas circunstancias, por eso publica el año siguiente un disco, cuyo título lo dice todo "Another side of Bob Dylan".

Sin ser una obra maestra es un álbum en el que se puede observar una evolución muy destacada en sus composiciones, hasta el punto de introducir en el repertorio del disco, dos canciones de blues, con "Black Crow blues" en el que propio Dylan toca el piano, siendo esta la primera vez que incluye un instrumento aparte de su guitarra y su armónica o "Motorcycle nightmare" donde se empieza a vislumbrar esos tintes surrealistas dylanianos. 

También recupera su fino sentido del humor, en ocasiones negro, pero siempre muy divertido,  por ejemplo el caso de la magnífica "All I really want to do". Tal vez la canción más importante del disco sea "Chimes of freedom" nueva canción en la que Dylan declama acompañado con la guitarra una letra visionaria de contenido social aderezada de tintes surrealistas. En "Another side of Bob Dylan" encontramos también al artista introspectivo que está tratando de encontrarse a sí mismo, en lucha con su complicada relación con la prensa y también con el consumo de drogas, en un fantástico tema que es "My Back Pages".

Por último, para mí la canción más bonita del disco y la que más me gusta es          "I Don't Believe You" , en la que nos habla de algún tipo de discusión amorosa después de una noche loca. Una auténtica joya y una delicia que voy a compartir con vosotros.


Todo este período es un momento de la vida de Dylan apasionante. En 1964 rompió con su novia Suze Rotolo y mantuvo un romance con su buena amiga Joan Baez, sin duda uno de los aspectos sentimentales que más han influido en la vida de Dylan. Además emprendió un viaje por Europa que le cambió la forma de ver completamente la música y en el que, se dio cuenta de que el Rock era el futuro. Tuvo la ocasión de escuchar a los Rolling Stones o a The Who. Pero el hecho definitivo sucedió, cuando vio por primera vez a los Beatles. Desde ese momento, Dylan fue otro y decidió entregarse a la poderosa energía del Rock, como como instrumento para volcar todo su talento creativo y su poesía lírica e incendiaria al mismo tiempo. Pero esto sucedería, en su siguiente álbum "Bringing It all Back Home" el cual sería tan influyente, que su sonido arrastraría a toda las generaciones posteriores del Rock de EEUU.

En este año 1964 aún le dio tiempo a embarcarse en un viaje que le  llevará con unos amigos a cruzar de este a oeste, todo Estados Unidos en una furgoneta, donde se dice que en su parte trasera, escribía incesantemente poemas y canciones, mientras amenizaba las horas de carretera, bebiendo vino y fumando marihuana. Es también de este periodo, el momento en que Dylan empieza a tomar contacto con el LSD, lo que como no pudo ser de otro forma, fue muy importante para su evolución artística. Un Dylan surrealista y psicodélico, ¿alguien puede dar más?. 

Con este disco y este año se pone fin al Dylan folk, únicamente cantautor protesta y comprometido con los más pobres. Dejará de ser aquel cantante que parecía un santo y que todo el mundo alababa, cuyos seguidores acudían a los conciertos, como si de una sesión de filosofía se tratara. En resumidas cuentas, abandonaría ese halo de gurú que tanto le molestaba y que nunca quiso ser y del que se ha pasado huyendo el resto de su vida. Aún hoy hay gente, que todavía no se ha enterado de que esta es la razón fundamental de sus comportamientos a veces contradictorios, simplemente juega al despiste, como quisieron jugar con él, intentando convertirle en lo que nunca quiso ser.

Como no pudo ser de otro modo, el día que apareció en el festival de Newport con una guitarra eléctrica, interpretando sus temas clásicos, supuso además de un giro radical en su carrera, un contraste tremendo para muchos de sus seguidores más aferrados al folk tradicional, quienes quedaron completamente decepcionados, manifestando su más enérgica protesta durante el concierto. Este etapa crucial para él, lo será también para el resto de la historia del Rock. Se llama la "controversia eléctrica de Dylan", pero su estudio quedará, para la siguiente entrega, no te la pierdas.

Nacho Díez